En esos papeles están la gran mayoría de sus emociones y viajar es siempre recordar. “Te transportas, es como una película, yo no podría estar sin escribir. Escribir lo que voy haciendo es casi tan importante como el viaje”, aclara.
Los idiomas son la herramienta imprescindible para abrir puertas. En ese sentido, Joaquín dice: “Con un mínimo de inglés te arreglás en cualquier parte del mundo”. Sin embargo, no siempre le resultó fácil ni lo tuvo así de claro. “En Turquía es muy difícil que la gente hable inglés y nadie te sabe responder”.
“El mundo es muy grande y no puedo quedarme acá para siempre”
Hay lugares que Joaquín elige simplemente porque hay un partido de fútbol. “La clave de viajar es estar en muchos grupos de Facebook donde te van recomendando. En Instagram sigo muchas cuentas. A veces los lugares también te atraen por las fotos. Hay veces que la foto es bárbara y al llegar ahí decís 'esto era'. A veces te pasa al revés. Uno busca información para saber cómo llegar y con qué se va a encontrar. También está en juego dejarte sorprender”.
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La vida continúa en un edificio destrozado de Mostar, en Bosnia y Herzegovina
Joaquín tiene diferentes respuestas cuando se le pregunta sobre cuándo es el momento para cambiar de ciudad. “Hay veces que simplemente tenés ganas de ir a otro lugar. El mundo es muy grande y no puedo quedarme acá para siempre. A veces simplemente el cuerpo te lo dice. Me pasó en Bucarest, la capital de Rumania, era invierno y no había turistas. Dos noches duré. No quería saber nada. Era una sensación pesada que el cuerpo me estaba diciendo basta, tomátela de acá. Eran todos rumanos que hacían un esfuerzo para hablar conmigo. Sentía que me tenía que ir. Uno se da cuenta de donde se tiene que ir”, avisa.
Joaquín es consciente que habrá días de incertidumbre donde pensará en dejar todo y regresar a la comodidad de su hogar, a reconocer sus propias sábanas. Por ejemplo, como lo que le pasó cuando viajó de Londres a Rumania. Allí se hizo la pregunta de por qué fue a lo más profundo de Europa del Este. “A veces no hay gente en los hosteles. ¡Qué quiero inventar!”, exclamaba. Sin embargo, pasaron los días y la pregunta quedó en un recuerdo. “Ahí es cuando hay que estar más firme que nunca porque si no pensás en volver”.
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"Escribir lo que voy haciendo es casi tan importante como el viaje", dice Joaquín.
La adrenalina de no saber donde dormir le resulta placentera. “En Bosnia estábamos el dueño y yo durmiendo en el hostel. Pasé mucho frío y no sabía a quién pedirle una frazada. A veces no es tan bueno estar solo. Y a veces no está bueno que seamos 18 personas durmiendo en una misma habitación. Hay que buscar un punto medio”.
Las enseñanzas que aprendió de viajar
“Viajar solo es soportarse a uno mismo. El viaje te enseña a estar solo con tus pensamientos. Aprendes a conocerte. En los viajes está todo a flor de piel. Sé que depende todo de mí. A viajar se aprende viajando. Conocer a muchísima gente, antes era impensado para mí. Y que ahora me digan 'si venís a mi país, te recibo'. El hecho de viajar solo es algo que se abre y no sabés cómo puede terminar”, dice. Y Joaquín lo sabe bien. Hace unos días presentó "El pasado que vuelve", un libro de crónicas de viaje por Europa del Este.
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Huellas de la guerra en las montañas de Bosnia.
“Había noches en la cuarentena que eran interminables. La cantidad de muertos me iba llenando de angustia. La pandemia estaba muy presente y yo necesitaba salir de ese ambiente. La escritura me sacó de todo eso. Esconderme con mi compu a escribir fue un refugio. Agarraba mi cuaderno de viajes y escribía. Me ponía algún video de la ciudad y volvía a viajar. No sabía que iba a terminar en un libro. Recordar el viaje ya era una atracción porque me sacaba del entorno de la pandemia”, aclara.
En unos meses, Joaquín ya tenía escrito sobre los países que había visitado. Se enfocó en Europa del Este, un territorio menos explorado. Cuando se quiso acordar, ya tenía todo escrito. Pero faltaba lo imprescindible: editarlo y publicarlo.
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—¿Qué consejos le darías a alguien que quiere viajar y no se anima?
—Es casi imposible que un viaje salga mal. A veces no saber donde va a dormir puede ser una frustración pero a los meses ya es una anécdota. Eso es lo que logran los viajes. Para bien o para mal, todo es anécdota. A lo mejor te pasa lo mismo acá en Buenos Aires y te enojás con la vida y después te olvidás. Uno viaja para conocer y pasarla bien. Mejor siempre arrepentirse de lo que uno hace que lo que uno no hace.
Joaquín espera seguir escribiendo y espera que el libro motive a las personas a querer viajar. "La crónica de viaje tiene eso, enciende la curiosidad de conocer”, confiesa.
—¿Por qué “El pasado que vuelve”?
—Hay un tema relacionado muy fuerte con el pasado. En Europa del Este pasa algo muy notorio. Caminás por Sarajevo y ves una bala de 1990 y ya te transporta al pasado. Vas por Belgrado y eso te lleva a la época en la que Serbia pertenecía al imperio austrohúngaro. El pasado que vuelve es traerlo al presente con lo bueno y con lo malo que tiene. Estamos todo el día con el celular en la mano. Pero cuando transitas esas postales te llevan de forma directa al año 1600.