Pero incluso en invierno, cuando el frío impone otro ritmo, el dique no pierde su encanto. El ritual del mate frente al agua, el silencio de la montaña y el aire fresco generan una experiencia completamente distinta, más introspectiva, más serena.
Sin embargo, bajo esa superficie tranquila, se esconde un elemento que rompe con la lógica del paisaje.
La aparición de una figura inesperada
Hace algunos años, un grupo de buceadores realizó un hallazgo que cambiaría la percepción del lugar para siempre. En el fondo del embalse, a varios metros de profundidad, descubrieron una imagen de la Virgen.
La figura, de tamaño considerable y fabricada en un material resistente, parecía estar colocada deliberadamente. No se trataba de un objeto perdido ni arrastrado por la corriente, sino de una instalación consciente.
Con el tiempo, más buzos comenzaron a buscarla. Algunos lograron verla, describiéndola como una presencia silenciosa, casi intacta, que emerge entre la penumbra del agua. Otros, en cambio, regresaron sin éxito, a pesar de contar con coordenadas precisas.
El misterio que desconcierta a los buceadores
Uno de los aspectos que más alimenta el mito es la dificultad para encontrar la figura. Incluso quienes conocen el punto exacto aseguran que no siempre aparece.
“Hay días en los que está ahí, clara, visible… y otros en los que simplemente no la encontramos”, relatan algunos buceadores experimentados. Esa aparente “desaparición” es lo que ha dado lugar a teorías de todo tipo, desde explicaciones técnicas hasta interpretaciones más espirituales.
La sensación de descender en busca de algo que podría no estar genera una mezcla de adrenalina y expectativa. Para muchos, el momento del encuentro —cuando ocurre— se vive como una conexión íntima, casi mística.
Explicaciones científicas frente a creencias populares
Aunque las versiones más fantásticas hablan de movimientos inexplicables o cambios de ubicación, las fuentes oficiales ofrecen una explicación más racional.
La visibilidad bajo el agua en el dique varía considerablemente según múltiples factores:
-
La profundidad, que puede superar los 20 metros
Las corrientes internas, que modifican la posición de sedimentos
La turbidez del agua, especialmente tras lluvias o cambios climáticos
El nivel del embalse, que fluctúa a lo largo del año
Estos elementos pueden hacer que un objeto permanezca oculto incluso a pocos metros de distancia, o que su silueta aparezca y desaparezca según la luz y el ángulo de visión.
Además, la profundidad a la que se encuentra la virgen limita el acceso. Solo buzos con entrenamiento adecuado pueden descender hasta ese punto, lo que contribuye a mantener el misterio lejos del alcance de la mayoría.
El origen de la virgen: una historia de fe
Detrás del enigma también hay una historia concreta. La imagen fue colocada por Marcelo Sliz, quien decidió sumergirla en el dique como un acto simbólico.
La escultura, elaborada en resina plástica para resistir las condiciones del agua, fue bendecida previamente por un sacerdote del Santuario de Lourdes, en El Challao. Este detalle refuerza el componente espiritual que rodea a la figura.
Lejos de haber sido abandonada, la virgen fue pensada como una presencia permanente, una especie de guardiana silenciosa del dique.
Entre el turismo y la leyenda
Con el paso del tiempo, la historia comenzó a circular entre visitantes y guías locales. Algunos la cuentan como una curiosidad, otros como una experiencia personal cargada de emoción.
No son pocos los turistas que, al enterarse, sienten el impulso de intentar verla. Sin embargo, la dificultad técnica para acceder al sitio mantiene el fenómeno dentro de un círculo relativamente reducido.
Esto, paradójicamente, aumenta su atractivo. Lo inaccesible genera fascinación, y la idea de una figura religiosa que “aparece y desaparece” alimenta el imaginario colectivo.
El poder de lo desconocido
Más allá de las explicaciones científicas o religiosas, lo cierto es que la virgen del Dique Potrerillos ha logrado instalarse como un símbolo singular. No es solo una escultura bajo el agua, sino una historia que se construye a partir de percepciones, relatos y emociones.
El misterio no reside únicamente en su ubicación, sino en la experiencia de quienes intentan encontrarla. La incertidumbre, la expectativa y el entorno natural crean un escenario propicio para lo inexplicable.
Un fenómeno que sigue creciendo
A medida que más personas conocen la historia, el interés continúa en aumento. Redes sociales, relatos de viajeros y testimonios de buceadores contribuyen a expandir el mito.
Sin embargo, la virgen sigue allí —visible o no—, inmóvil en teoría, pero cambiante en la percepción de quienes la buscan.
Quizás esa sea la clave de su permanencia: no se trata solo de verla, sino de lo que cada persona experimenta al intentarlo.