Fue en ese momento que en la cárcel averiguó de un curso de herrería y se introdujo de a poco en sus conocimientos. “Los compañeros me ayudaron y me enseñaron a aprender un oficio. Hoy este oficio nos está dando de comer a mis hijos y a mí, contó.
Más allá de su presente de muchas gratificaciones, no se olvida de su pasado y espera con su experiencia ayudar a otros chicos que están en la misma situación en la que estuvo él: “Arrancás con las malas compañías, las drogas y la noche. Para cuando me di cuenta, parecía que me gustaba. Tenía la plata fácil. Agarrábamos hasta cinco sueldos en un día”.
Sin embargo, aquello ya es parte de un triste pasado y su presente es otro: "Ahora estoy viendo si puedo dar cursos de herrería en los penales y así ayudar a los chicos adentro. Ellos se sienten mejor sabiendo que les habla alguien que estuvo ahí donde están ellos y les habla igual”.