"Ya se había ido dos o tres veces antes el niño y los perros no le habían hecho nada. Quizás fue porque una perra había tenido cría hace poco", comentó Juan Antonio, todavía sin entender cómo el chiquito terminó perdiendo la vida de esa forma.
Los canes, que según trascendió son ocho, viven en una quinta llamada Los Abuelos sobre el callejón Tello, en la misma cuadra donde vivía Sahir. Su dueño, de acuerdo a los testimonios, solía dejarlos sueltos en el día y solo los ataba durante la noche. "Ninguno era como el Dogo", dice el abuelo, tratando de justificar el que Sahir tuviera acceso a ellos.
"Además de los perros de la finca, hay otros en la casa de enfrente que son más malos todavía. No se podía andar en bicicleta por ejemplo. Yo siempre que pasaba por ahí debía espantarlos con piedras y ya les había dicho a los dueños que por qué los dejaba que anduvieran en la calle todo el día y recién a la noche los guardaba", refirió un amigo de la familia, indignado por lo sucedido.
La investigación por la muerte de Sahir recayó en el juzgado de Pablo Flores, magistrado de segunda instancia, quien determinó que los perros se remitan a una entidad de adiestramiento de orden gubernamental. Seis de ellos ya lograron ser capturados, mientras otros dos se informó que lograron escapar.
Los restos de Sahir son despedidos esta mañana de jueves, dos meses antes de que llegara su cumpleaños número 3.