Qué pasó. A los 14 años Luisa decidió tatuarse en las costillas, exactamente debajo de su pecho derecho. Eligió la frase "No me dejes caer jamás" y fue a la casa de un vecino tatuador en Monterrey al que le pagó 13,3 dólares por el trabajo. A los 15 días debió ser internada: los médicos descubrieron que una bacteria le afectó el nervio ciático y la médula espinal, por lo que perdió la sensibilidad de las piernas. Al parecer, todo esto fue causado por la falta de higiene en el lugar y en los instrumentos con los que la tatuaron.











