Los vidriosos ojos marrones de Jonathan, que hace un loable esfuerzo por contener las lágrimas, no pueden esconder la tristeza, combinada con la sensación de impotencia e incertidumbre por su futuro y, especialmente, el de su hijo Ciro, quien necesita continuar con un tratamiento de hormona de crecimiento, el mismo que recibió el astro Lionel Messi durante su juventud.











