Emocionante

Los sueños y la historia, en mi propia caja Topper

Diego Geddes
por Diego Geddes |
Los sueños y la historia, en mi propia caja Topper

* Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación" de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte  acá.

Lunes 

Esto que voy a hacer es inédito. Voy a escribir en tiempo real, día por día, para ver si el diario fluye de otra manera. Creo que estoy un poco harto del formato, de escribir cosas en los cinco días. Quizás pruebo un texto solo. Sí, eso voy a hacer, un texto solo.

Me acabo de despertar todo transpirado, en un micro de larga distancia que me lleva a Bahía Blanca. Así empiezo el lunes, acostado mientras el colectivo avanza. Hay algo de claridad, ya debemos haber pasado Olavarría, ya estaremos por Coronel Pringles o incluso llegando a Cabildo.

Tengo miles de kilómetros a bordo de estos micros, desde que eran unidades apenas un poco superiores a un bondi de media distancia hasta estas naves que te permiten viajar con una reclinación de 180 grados. A pesar de la evolución, nunca pude dormir del todo bien pero ahora, mientras empiezo este lunes, advierto que sí pude dormir: me desperté con un sueño a medio terminar (¿el sueño tiene vida propia y seguiría su curso si uno no se despertara? O es que hay un guión inconsciente que uno voluntariamente decide interrumpir?).

En el sueño (no tan profundo, porque se mezcla con cosas del momento) voy en un micro de larga distancia que me lleva a Maral, una playa de Brasil. El chofer es Guillermo Cabezudo, que fue durante muchos años productor de Radio Nacional de un programa que hicimos con Silvina y Maxi.

Lo lindo de los sueños es lo que no se puede describir: durante el viaje tenía como una especie de GPS interno que a su vez se reproducía en una pantalla. El efecto se hacía más evidente en el ascenso a un Morro, de pronunciadas curvas y contracurvas. Quizás esto no se entienda del todo, pero ahora que lo escribo siento el mismo vértigo que probablemente me despertó.

(Aviso, estoy escribiendo un viernes)

Martes 

Hoy es mi cumpleaños. Estoy sensibilizado y algunos mensajes que recibo me hacen lagrimear. “Querido sobrino, nunca voy a olvidar los días que te cuide cuando naciste para ayudar a tu mamá toda cosida por la cesárea”. Leo esto en el pasillo de un hospital, mientras mi mamá recibe la aplicación de quimioterapia (mi mamá dice "aplicación", casi nunca dice quimioterapia). La escucho hablar y hablar desde el pasillo (ella está en una sala con otros pacientes, todos en la misma situación que ella). Habla con el tono de maestra que siempre tuvo, dice algunas palabras con un énfasis absoluto ("fantástico", por ejemplo). Habla como si el parloteo continuo fuera la herramienta más poderosa para ahuyentar al demonio.

Gracias. Gracias! Gracias, un abrazo. Gracias querido. Gracias amigo. Beso, gracias. Gracias. Gracias loco. (respondo mensajes en las redes sociales). 

Miércoles 

A mi vieja le hago comprar libros que yo quiero leer: en el viaje anterior lo hice con "La Caja Topper", de Nicolás Gadano. Ella lo lee primero y después me lo pasa. Cuando lo abro descubro una cita perfecta.

"La comprensión incompleta de las vidas de nuestros padres no es algo que les afecte a ellos. Nos afecta solo a nosotros". "Entre Ellos", Richard Ford.

Gadano hace antropología de sus orígenes, investiga, hace mapas, ordena, clasifica, sueña. Yo miro las paredes de la habitación de mi infancia, mis Gráficos, mis fotos, mi propia caja Topper. ¿Cuántas cajas Topper esconderá mi mamá?

A la noche, mi sobrino me pide que lo acompañe a comprar vodka (él es menor, no le venden). Mi vieja -su abuela-, nos presta plata, yo pongo el DNI, mi sobrino -su nieto-, el entusiasmo. El combo funciona perfecto.

A la vuelta pasamos por la puerta de la escuela secundaria y mi sobrino, que está en quinto año, escupe en una de las puertas de entrada. Un salivazo perfecto que sale de su boca como una flecha (ahora que escribo me viene el sonido también perfecto del salivazo). Pero no pasan ni diez metros y empieza a hablar de que va a extrañar la escuela, esta etapa de amigos y todo eso que yo ya ni me acuerdo. Lo tuyo fue un escupitajo punk, le digo, pero no sé si me entiende.

Jueves 

Antes de subir al avión hago un ultimo repaso de las caras conocidas que me crucé en Bahia. Ese que pasó corriendo era Leandro Gastón Laguna?

En el laburo me distraigo viendo un tutorial de Ale Sergi sobre baterías electrónicas. Llegué hasta ahí gracias a esta nota por el lanzamiento del disco nuevo de Meteoros, uno de los mil proyectos del líder de Miranda. Me gusta esto que dice, a propósito de encarar y concretar un proyecto. 

Hay algo que a mí me gusta de nosotros y es que concretamos: si nos juntamos con alguien, algo hacemos. Después vemos qué, si sirve, si nos gusta, pero no es que nos quedamos boludeando en el estudio. No, agarramos los instrumentos, escribimos una letra, buscamos lo mejor y le damos la vuelta hasta que queda bien.

Viernes

Camino por la calle e imagino una secuencia perfecta; un saque abierto, con slice, una devolución floja de mi rival desde fuera de la cancha, mientras yo doy tres, cuatro pasos hasta la red y mi pie derecho se desliza sobre el polvo de ladrillo, la mano firme para encontrar la pelota con una volea de revés solida, mi rival que no la corre. El punto está ganado. 

Leo las últimas paginas de La Caja Topper. La despedida con su madre, las cenas con su padre (una especie de Gran Pez de los 70s).

A ultima hora leo que murió el Canca Gullo y me acuerdo de una cena con mi viejo, en algún restaurante de Buenos Aires. Mirá a la otra mesa, dice mi viejo. Ese es el Canca Gullo, mirá como toma champagne el hijo de puta. Yo debo tener 12 o 13 y todavía no sé demasiado del peronismo, de los 70s, pero hay algo en el personaje que me parece fascinante. 

Enseguida me viene otro recuerdo: fuimos al cine y nos cruzamos al negro Fontanarrosa. En la sala estábamos nosotros cuatro: mi viejo, yo, el Negro y su hijo. Creo que vimos “Los lunes al sol”, aunque esto ya lo puedo estar inventando. 

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