*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.
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Lunes
¿Qué libro escrito por una mujer se publicó el año que naciste? No sé si es una idea feminista, pero veo que la comparte en Twitter muchas militantes del feminismo, así que participo de este jueguito con alivio. Según el año de mi nacimiento (1980) me corresponde leer “Los diarios del cáncer”, algo más que irá a la lista de los pendientes.
Pero pienso especialmente en la casualidad, si no estaré demasiado enroscado con la idea de los diarios, del cáncer. Enseguida me alivia pensar lo contrario: todo lo que me sucede en lo cotidiano y no tiene casualidad, la enorme cantidad de hechos vacíos, imposibles de asociar a nada, que conforman la rutina de todos los días.
A veces hay casualidad pero la mayoría del tiempo no.
Martes
Voy en el subte y me encuentro con un amigo que vive en Santa Rosa y que está en estos días en Buenos Aires. ¿Qué posibilidad había de que subiera justo en el mismo tren, en el mismo vagón? Bastante pocas. Sigo pensando en las casualidades. Mi amigo es veterinario pero también muy lector y escribió hace poco uno de poesía, que no sé si recomendé por acá. Anda por la calle con uno de Faulkner en inglés y pienso que no leí a Faulkner, ni Absalom ni El sonido y la Furia. Quisiera insertármelos con un chip.
Algunas estaciones más adelante sube el escritor Carlos Busqued, a quien entrevistamos hace poco para el Club de Lectura. Dudo si saludarlo o no. Me mata la timidez, como Emanuel Ortega. Busqued me mira, pero no para saludarme sino con la cara que pone uno cuando busca en su registro mental esa cara que parece reconocer. Entiendo que para Busqued (chaqueño pero con muchos años viviendo en Córdoba) debe ser algo así como “Quién pingo es este culeao?”.
La secuencia se completa cuando sube alguien que aparentemente es amigo de Busqued y se pone a charlar con él. Busqued va a terapia los martes, aparentemente. Ultima escena. Busqued baja del subte y con mi amigo nos ponemos a charlar de Busqued. Y el amigo de Busqued también habla de él con otra persona.
Miércoles
Doy de baja el cable, el trámite me lleva una media hora por teléfono, en la que me ofrecen dos descuentos muy ventajosos (sobre todo el segundo, cundo ya estoy cerca de terminar el trámite). El sistema funciona así: te ofrecen el descuento y te dejan en línea esperando, mientras chequean por enésima vez algún dato.
Me siento como un adicto frente a un plato de cocaína, haciendo fuerza para no caer en la tentación.
Me río pensando en el que inventó ese mecanismo: el marketing y el capitalismo tienen formas hermosas de tortura.
A la noche tomo una cerveza con un querido amigo. Me regala un libro, charlamos sobre el Periodismo que nos gusta, él lo practica más que yo. Le prometo una visita a su casa, en Tucumán.
Jueves
Así como hay gente que se tatúa el nombre de sus hijos, o la palabra "Soltar", yo debería tatuarme un tirabuzón. Desde que tengo memoria me dicen eso de que no hablo, de que me tienen que sacar las palabras con tirabuzón.
Recibimos el Día del Periodista con mis amigos de la redacción. Jugamos al truco, cuatro contra cuatro. No sabía que existía esa modalidad. Cantamos a los gritos el Fuga y Misterio de Piazzolla, en versión funeral de Neustadt, uno de los más hilarantes momentos de la historia reciente.
Viernes
Busco en Google fotos de un tirabuzón. No es que me vaya a tatuar, pero quiero visualizar la metáfora. ¿Qué es un tirabuzón? Solo se me ocurre un fideo, pero el fideo tirabuzón también es una metáfora del propio tirabuzón.
¿Un tirabuzón es un sacacorcho? El silencio es el corcho y las palabras son el vino.