Le dieron como destino para entregar los pedidos un galpón en la calle Ucrania, zona de Valentín Alsina. “La mercadería la entregué el martes 7 y el jueves 9, todas las 190 cajas. Hice tres viajes. Allí me las recibieron, me dieron el contacto de un tipo que me iba a firmar el remito”, contó.
Llegó el pago, un cheque digital del banco Itaú por la cifra pactada, a nombre de la firma Uros, una de las nombradas en el perfil de Bressan que lo contactó via WhatsApp. Mauricio reclamó por todos los medios, sin resultados. La página web de Agrofull se desvaneció.
Volvió al galpón en la calle Ucrania, su portón naranja con el logo de Agrofull y otras firmas estaba cerrado. Una nota había sido pegada. Decía que la empresa, por dificultades financieras y fiscales, permanecería cerrada. Daba un número de contacto de un “estudio jurídico-contable”, apagado a toda hora. Allí se encontró con otro hombre que tomaba fotos. Le contó su situación. El hombre estaba en la misma, básicamente. “Me contó que lo estafaron en cinco millones de pesos con otra empresa”, afirmó.
Entonces, fue a Twitter. “Me cagaron”, aseguró, y contó su historia. Más de mil cuentas la retuitearon, llegó a varios canales de comunicación, se convirtió en trending topic. Comenzó una colecta popular, en la que le depositaron más de 750 mil pesos al cierre de esta nota. “El Vikingo”, por el momento, no realizó una denuncia en la Justicia, espera hacerlo. En todo caso, hay con qué comenzar. Ningún estafador de mediana puntería es tan inteligente. Todos dejan una señal.
Todas las firmas mencionadas por los estafadores existen. Agrofull, como holding, no. Hay empresas registradas en el país con ese nombre, en varias provincias, ninguna con una relación estructural con las firmas mencionadas. Uros, con domicilio en la zona de Hudson, se dedica al menos desde 2017 a la venta de productos alimenticios según datos de la AFIP, sin un historial de cheques rechazados de acuerdo a información del Banco Central. Conangus se dedica en los papeles al negocio ganadero desde 2014, con un domicilio registrado en San Martín, también sin cheques sin fondos.
Más allá del trago amargo, Urig destacó la solidaridad de los clientes que lo ayudaron a recuperar más del 50% del valor de la mercadería que perdió, tras su descargo en las redes sociales.