Para sostener estas proyecciones, el equipo europeo expone una racha de 37 partidos oficiales sin derrotas y destaca que su arquero Unai Simón mantuvo seis vallas invictas. Sin embargo, la Albiceleste contrapone argumentos de enorme peso. El conjunto nacional disputará su séptima final de Copa del Mundo, acumula siete triunfos en igual cantidad de partidos y buscará defender la corona obtenida en Qatar 2022. En caso de alcanzar el éxito en el MetLife Stadium, la Selección de Lionel Messi será apenas el tercer bicampeón consecutivo de la historia, después de Italia y Brasil, mientras que España buscará estampar su segunda estrella tras la obtenida en Sudáfrica 2010.
Qué récord histórico pueden romper Lionel Messi y Lamine Yamal en la final
Si ambos futbolistas forman parte de la alineación inicial, la gran definición del Mundial albergará un cruce generacional inédito para los libros de la FIFA.
La fisonomía del encuentro tendrá un condimento especial centrado en las principales figuras individuales de cada bando. Lionel Messi versus Lamine Yamal podría ser la historia del partido. Si ambos son titulares, será la primera vez en la historia de la Copa del Mundo que jugadores de equipos contrarios inicien una final con una diferencia de edad de más de 20 años, marcando un quiebre por la distancia de edad entre ambos futbolistas: 39 vs. 19, dos décadas, una vida. “Messi es el pasado, ambos son el presente, pero Yamal es el futuro”, describieron en su informe las autoridades del sitio de Opta.
Finalmente, cabe recordar que el sistema algorítmico ha evidenciado variaciones lógicas a lo largo de las llaves eliminatorias. Claro que el modelo estadístico no es infalible: modificó considerablemente sus predicciones a lo largo del torneo, teniendo en cuenta que antes del inicio del Mundial, Francia aparecía como la máxima candidata a dar la vuelta olímpica, mientras que Argentina figuraba como la selección con menos posibilidades entre las futuras semifinalistas. El andar del equipo nacional revirtió las proyecciones y hoy, aunque las simulaciones favorecen a España, la diferencia quedó reducida a un margen estrecho que mantiene la llave abierta.