La eliminación de Boca en los octavos de final de la Copa Sudamericana es un duro golpe para un club acostumbrado a pelear por la Libertadores. Caer en el segundo torneo en importancia a nivel continental prematuramente es una frustración indiscutible. Sin embargo, pese a quedarse sin Luis Advíncula por una expulsión a los pocos segundos de iniciado el partido y sufrir dos goles que parecían un golpe de nocaut, el equipo de Diego Martínez supo reponerse y luchó hasta el final, perdiendo con dignidad en el Mineirao.













