La FIFA pidió disculpas a sus 211 federaciones miembro por los errores cometidos durante la presentación del controvertido proyecto que buscaba abrir a capitales privados una parte del negocio comercial de los Mundiales.
La conducción de la FIFA se reunió de urgencia en Marruecos tras retirar la propuesta que pretendía vender a inversores privados el 20% de una nueva sociedad comercial.
La FIFA pidió disculpas a sus 211 federaciones miembro por los errores cometidos durante la presentación del controvertido proyecto que buscaba abrir a capitales privados una parte del negocio comercial de los Mundiales.
El reconocimiento llegó después de una reunión de crisis celebrada en Marruecos, encabezada por el presidente del organismo, Gianni Infantino, y el secretario general, Mattias Grafström. Pese a las fuertes críticas internas y externas, la cúpula de la entidad ratificó su respaldo al dirigente suizo y aseguró que continuará al frente de la organización.
La propuesta, que finalmente fue retirada, contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una sociedad destinada a concentrar las operaciones comerciales y de eventos de la entidad. El plan preveía captar hasta USD4.200 millones mediante la venta de participaciones minoritarias a inversores privados, sobre una valuación total estimada en USD20.000 millones.
Tras el encuentro, la FIFA informó que envió una carta a los integrantes de su Consejo y a las 211 asociaciones nacionales para reconocer que el proceso “debería haberse gestionado de otra manera”.
La conducción prometió realizar una revisión interna de los procedimientos de gobernanza, consulta y comunicación utilizados durante la elaboración del proyecto. Al mismo tiempo, advirtió que no tolerará ataques contra su integridad institucional y que adoptará medidas para proteger su reputación.
La reunión fue presentada oficialmente como constructiva, aunque se desarrolló en medio de una crisis inédita para Infantino, quien recibió cuestionamientos de confederaciones, federaciones nacionales, funcionarios políticos y dirigentes de la propia FIFA.
Pese a ese escenario, Grafström y los integrantes de la junta directiva expresaron su “pleno apoyo” al presidente y remarcaron que continúa siendo la autoridad elegida para conducir el organismo.
La iniciativa planteaba crear una empresa controlada por la FIFA para reunir los derechos comerciales de sus principales torneos, incluidos los Mundiales masculino y femenino y el Mundial de Clubes.
Según la presentación original, la FIFA conservaría el control de la compañía y la totalidad de las decisiones deportivas, regulatorias y de calendario. Los inversores privados adquirirían participaciones minoritarias sin capacidad formal para dominar la sociedad.
El objetivo declarado era obtener hasta USD4.200 millones y utilizar parte de esos recursos para ampliar los programas de desarrollo. Cada federación podría acceder voluntariamente a hasta USD20 millones extraordinarios, además de un aumento de los fondos distribuidos durante los próximos ciclos.
Sin embargo, sus críticos alertaron que el ingreso de fondos privados podía generar conflictos entre los intereses económicos de los inversores y las responsabilidades de la FIFA como organizadora y reguladora del fútbol mundial.
La UEFA acusó al organismo de intentar “vender el alma del fútbol”, mientras otras entidades cuestionaron la falta de información previa, la rapidez del proceso y la ausencia de consultas profundas con las confederaciones y las asociaciones miembro.
La polémica aumentó por la participación de Thrive Capital, firma vinculada al empresario Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner y cuñado de Ivanka Trump.
El vínculo generó cuestionamientos adicionales debido a la cercanía pública de Infantino con el presidente estadounidense Donald Trump, especialmente durante la organización del Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá.
La FIFA sostuvo que seleccionaría inversores bajo criterios de largo plazo, gobernanza y diversidad geográfica. No obstante, la presencia de una empresa relacionada con la familia presidencial estadounidense alimentó las sospechas sobre posibles conflictos de interés y sobre la transparencia del proceso.
Hasta el momento, no se difundieron pruebas que indiquen una intervención directa del gobierno estadounidense en la propuesta.
El retiro del plan no consiguió terminar con la crisis. Por el contrario, en los días siguientes comenzaron a conocerse cuestionamientos provenientes de importantes funcionarios de la organización.
Grafström envió un memorando interno en el que lamentó la “triste y reprochable serie de acontecimientos” que terminó con el abandono definitivo del proyecto. Kevin Lamour, director de Operaciones, afirmó que parte del personal había sido engañado y describió la iniciativa como “el proyecto de una sola persona”, según fuentes citadas por Reuters.
Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, renunció en señal de protesta. Por su parte, Arsène Wenger, director de Desarrollo Mundial del Fútbol, aclaró que no había participado en la elaboración del proyecto y consideró “absolutamente necesaria” su retirada.
Esas manifestaciones golpearon especialmente a Infantino porque provinieron de integrantes de su estructura y no únicamente de rivales externos.
Una de las críticas más duras llegó del exfutbolista portugués Luis Figo, quien había evaluado competir por la presidencia de la FIFA en 2015. Figo calificó el comportamiento del dirigente como profundamente engañoso y sostuvo que la crisis tiene una única salida: “Infantino debe irse”.
El exjugador cuestionó que una decisión de semejante magnitud pudiera avanzar sin conocimiento pleno de miembros del Consejo y de altos responsables operativos. Sus declaraciones se sumaron a las de federaciones europeas que retiraron su apoyo al presidente.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró que ya no confía en Infantino y describió el manejo del proyecto como un fracaso grave de gobernanza.
Carney cuestionó que una operación de esa dimensión no hubiera sido informada adecuadamente a los principales asesores, ejecutivos y miembros de la junta directiva del organismo. Canadá fue uno de los tres anfitriones del Mundial 2026, junto con Estados Unidos y México.
La UEFA fue la principal impulsora del rechazo, pero las objeciones también alcanzaron a la Concacaf y a la Confederación Asiática de Fútbol.
Las tres entidades cuestionaron el procedimiento y reclamaron mayores garantías institucionales. Según reportes de la prensa británica, algunos sectores incluso evaluaron impulsar una paralización de actividades o crear competiciones alternativas si Infantino se negaba a abandonar el cargo.
Esas medidas extremas no fueron confirmadas oficialmente por las confederaciones. Sin embargo, el escenario muestra que la oposición al presidente ya no está limitada al fútbol europeo.
La FIFA podría verse obligada a convocar un Congreso Extraordinario si al menos 43 federaciones presentan formalmente una solicitud por escrito.
Pese a la presión, Infantino mantiene un respaldo considerable entre federaciones africanas, asiáticas y de otras regiones que dependen en gran medida de los programas económicos de la FIFA.
Marruecos, coorganizador del Mundial 2030 junto con España y Portugal, reafirmó su apoyo. También expresaron su respaldo federaciones como las de Qatar, Kuwait, Líbano, Sri Lanka e Indonesia, aun cuando sus confederaciones regionales cuestionaron el proyecto.
La estructura electoral de la FIFA puede favorecer al actual presidente: cada federación posee un voto de igual valor, independientemente de su peso deportivo, población o capacidad económica.
De esta manera, el voto de una pequeña asociación tiene la misma importancia que el de potencias como Argentina, Brasil, Alemania, Italia o Francia.
Infantino busca un nuevo mandato en el Congreso electoral previsto para marzo de 2027 en Marruecos. Antes del conflicto, su continuidad parecía prácticamente garantizada.
Ahora, el escándalo podría complicar su intento de permanecer en la presidencia hasta 2031. Algunas federaciones europeas ya retiraron públicamente su apoyo y crecieron los pedidos de cambio en la conducción.
Sin embargo, el dirigente conserva dos ventajas importantes: cuenta con un fuerte bloque de respaldo fuera de Europa y todavía no surgió un candidato opositor capaz de reunir apoyos globales suficientes.
La reunión de Marruecos fue interpretada como una maniobra para contener el daño, impedir una ruptura interna y garantizar que Infantino llegue a las elecciones con una base sólida de federaciones aliadas.
En medio de la crisis también surgieron versiones que señalaban que Infantino habría prometido a Marruecos la organización de la final del Mundial 2030 a cambio de apoyo político. La FIFA rechazó esa información y afirmó que es “falso y engañoso” asegurar que el presidente haya realizado una promesa de ese tipo.
La entidad aclaró que la sede del partido decisivo se definirá posteriormente mediante los mecanismos institucionales correspondientes. Marruecos compite con España por albergar la final de la Copa del Mundo que organizarán conjuntamente en 2030 junto con Portugal.
La disculpa enviada a las federaciones logró evitar, al menos por el momento, una ruptura inmediata. Pero no despejó las dudas sobre el futuro del presidente ni sobre la profundidad de la crisis institucional.
Infantino continúa al frente de la FIFA, respaldado por su círculo directivo y por numerosas asociaciones nacionales. Sin embargo, el fracaso del proyecto dejó expuestas divisiones internas, renuncias, acusaciones de falta de transparencia y una inédita rebelión de importantes actores del fútbol mundial.