En ese contexto, la ley de Impuesto a las Ganancias califica como “ganancias” a los rendimientos, rentas o enriquecimientos producidos por una fuente permanente. Algunos ejemplos pueden ser, un sueldo que supera los valores mínimos que establece la ley, o las sumas cobradas por el alquiler de un inmueble.
Concretamente, las ganancias se clasifican de la siguiente forma:
Una de las preguntas más frecuentes que surgen en los ciudadanos es cómo se calcula el impuesto a las ganancias, sabiendo que existe una escala de impuesto a las ganancias oficializada por la AFIP.
Existe una clasificación de los tipos de ganancias provistas por la ley, que pueden colaborar en el entendimiento del sistema.
Una ganancia bruta es todo lo que se gana sin tener en cuenta los gastos y las inversiones. Por ejemplo, si se ejecuta una compra por algo cuyo valor es de $100, y se lo vende a $120, la ganancia bruta arroja un total de $20.
La ganancia neta es, en cambio, el resultado de la resta de los gastos realizados sobre el valor de la ganancia bruta. Por ejemplo, si se ejecuta una compra por algo cuyo valor es de $100, y se vende por $120, la ganancia bruta sería de $20, pero al restar gastos necesarios para la venta como podrían ser avisos publicitarios, la ganancia neta arroja un valor de $10 (estimado).
Y, finalmente, una ganancia neta sujeta al impuesto a las ganancias, es la que resulta de restar a la ganancia neta todas las deducciones que permite la ley.
En líneas generales, las deducciones permitidas por la ley contemplan todos aquellos gastos efectuados para obtener, mantener y conservar las ganancias gravadas por el impuesto. Se pueden restar esos gastos a las ganancias netas para minimizar su versión sujeta al impuesto de la ley y de esa forma, percibir un gasto menor.
Las deducciones permitidas por la ley son:
Es necesario tener presentes las actualizaciones y modificaciones que impactan en esta ley, para tener un adecuado control de los ingresos, ganancias y deducciones impositivas que aplican en cada caso.