El “Journal” detalla que: “El país recibió cerca de 30 paquetes de ayuda del FMI en los últimos 60 años, la mayoría con estrictas condiciones de austeridad que a menudo incumplió. Argentina ha renegado de la deuda al menos ocho veces en más de 200 años”.
La explicación tiene una causa principal que se mantiene tras las décadas: "El gobierno (de turno) gasta habitualmente más de lo que gana a través de impuestos y otros ingresos”. Por lo que, recalca, “es un país que vive más allá de sus posibilidades. En casi todos los años, desde 1950, a excepción de unos pocos a principios de la década de 2000, cuando los precios de exportación de la soja despegaron, Argentina ha tenido un gran déficit fiscal”.
Enseguida da su explicación del mecanismo que alimenta el desequilibrio de las cuentas de nuestro país.
"Para compensar la diferencia, Argentina a menudo imprime dinero que alimenta la inflación o toma prestados dólares del extranjero, o ambas cosas. Debido a que es una economía proteccionista, cerrada al libre comercio y plagada de compañías ineficientes, lucha por generar suficientes dólares a través de las exportaciones para pagar sus deudas en dólares”. "Para compensar la diferencia, Argentina a menudo imprime dinero que alimenta la inflación o toma prestados dólares del extranjero, o ambas cosas. Debido a que es una economía proteccionista, cerrada al libre comercio y plagada de compañías ineficientes, lucha por generar suficientes dólares a través de las exportaciones para pagar sus deudas en dólares”.
Entonces, el Wall Street Journal resume el ciclo conocido ampliamente en estas crisis: “Finalmente, los acreedores exigen tasas de interés más altas, los pagos de la deuda se vuelven insostenibles y todo se bloquea”.
"Usan el asediado peso para realizar transacciones básicas, pero recurren a dólares estadounidenses para ahorrar, para establecer precios inmobiliarios o para realizar transacciones de propiedades". "Usan el asediado peso para realizar transacciones básicas, pero recurren a dólares estadounidenses para ahorrar, para establecer precios inmobiliarios o para realizar transacciones de propiedades".
Sobre los ciclos de gasto sin control y ajustes resistidos por la gente, el medio norteamericano explica: “El gasto peronista pesado tiende a ser seguido por un oponente no peronista elegido para limpiar las consecuencias económicas, lo que generalmente significa un programa de austeridad impopular. Ningún presidente no peronista ha terminado un mandato desde la década de 1960” (en realidad es desde 1928, error del WSJ).
También critica la falta de competencia de las empresas en nuestro país: “Las legiones de empresas ineficientes están protegidas de la competencia global, sin incentivos para exportar”. Para el medio estadounidense, esta situación de la industria deja al país en una posición vulnerable:
“Otra dura realidad es la excesiva dependencia de Argentina en la agricultura. Cuando los precios de la soja y el trigo son altos, puede pedir prestados dólares y pagarlos. Cuando los precios caen, el Banco Central imprime pesos para cubrir el déficit presupuestario”. “Otra dura realidad es la excesiva dependencia de Argentina en la agricultura. Cuando los precios de la soja y el trigo son altos, puede pedir prestados dólares y pagarlos. Cuando los precios caen, el Banco Central imprime pesos para cubrir el déficit presupuestario”.
El resultado final es conocido ampliamente: “La inflación se dispara”.