En cuanto a la indigencia, el comportamiento fue similar. Tras bajar a 8% en 2011-2012, escaló hasta un máximo de 17,7% en 2024. En 2025 retrocedió al 10,7%, una caída significativa pero aún dentro de niveles elevados.
Inseguridad alimentaria y asistencia en niveles críticos
Uno de los datos más sensibles del informe es el de la inseguridad alimentaria: el 28,8% de los niños y adolescentes la padeció en 2025, mientras que el 13,2% se encuentra en situación severa.
Si bien estos números mejoraron respecto al año anterior, todavía no logran volver a los niveles previos a 2017. El problema se concentra en los sectores de menores ingresos y tiene mayor impacto en el conurbano bonaerense.
En paralelo, la asistencia alimentaria alcanzó un récord del 64,8%. Este crecimiento se explica por la expansión de comedores escolares y comunitarios y por políticas implementadas desde 2020, como la Tarjeta Alimentar.
Transferencias sociales: alcance limitado
El informe también señala que la cobertura de programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5% de los niños, lo que representa una baja de 3,3 puntos porcentuales respecto a 2024.
Desde la UCA remarcaron que estas transferencias llegan principalmente a quienes más lo necesitan, pero no logran cubrir a toda la población vulnerable.
La investigadora del Observatorio de la Deuda Social, Ianina Tuñón, explicó: “Estas políticas no fueron diseñadas para cubrir completamente los ingresos de los hogares, sino para equiparar el salario familiar entre trabajadores formales e informales”.
En ese sentido, subrayó que la solución de fondo pasa por mejorar las condiciones laborales de los adultos.
Una crisis multidimensional en las infancias
El estudio expone que la pobreza infantil no es solo una cuestión de ingresos, sino que atraviesa múltiples dimensiones.
Entre los indicadores más preocupantes, se destaca que el 19,8% de los niños dejó de asistir al médico o al odontólogo por razones económicas en 2025. La salud bucal aparece como la más relegada, evidenciando una deuda histórica del sistema sanitario.
En términos habitacionales, el 18,1% vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento. Además, el 42% no tiene acceso adecuado a servicios de saneamiento.
A esto se suma que el 37,5% enfrenta privaciones en vestimenta, con impacto no solo material sino también emocional.
Menos nacimientos, otra señal de la crisis
El informe también advierte sobre un cambio demográfico relevante: la caída de la natalidad. En 1991, el 56% de los hogares tenía niños y adolescentes. Según el censo de 2022, ese porcentaje descendió al 44%. La tasa de fecundidad se ubicó en 1,4 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo.