En esa medición, la matriz en el tercer trimestre de este año señala que el 39,2% de la población es pobre multidimensional, el 29,5% está en el grupo de los "no pobres por ingresos, pero con privaciones no monetarias", el 3,7% en el de "pobres por ingreso sin privaciones no monetarias" y el 27,6% restante no son pobres ni tienen carencias no monetarias.
La pobreza aumenta sin freno
Salvia advirtió que "se acumulan dos generaciones de pobres y ya estaríamos en el inicio de la tercera, por ausencia de modelos de inclusión con eje en el trabajo".
Agregó que "si bien hubo ascensos y retrocesos" en las últimas cuatro décadas, "los buenos momentos duraron poco" y, por lo general, se dieron como "efecto rebote" después de períodos de crisis.
Al respecto, advirtió que "con cada crisis aumentan los índices de pobreza, a la vez que con cada período de recuperación no logran recuperar el punto de partida".
"Las crisis dejan marcas de deterioro productivo, social y político que resultan de difícil contabilización estadística", indicó Salvia, al tiempo que puntualizó que "ciclo tras ciclo, la sociedad argentina viene acumulando una pobreza estructural, crónica y persistente, con brechas de desigualdad creciente que inhiben el crecimiento y ponen barreras a los acuerdos sociales y políticos".
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Casi 30 millones de personas eran pobres en la primera parte del 2022 (Foto: Twitter)
El rol de las políticas públicas y los planes sociales contra la pobreza
En este orden, Salvia cuestiona "la acumulación de varias décadas de políticas fallidas en materia de crecimiento sostenido y distribución del ingreso, las cuales han ocasionado un deterioro significativo en materia de capacidades de desarrollo humano e integración social".
El especialista sostuvo que más allá de las identidades de los sucesivos gobiernos, "la escapatoria del sistema político fue favorecer el consumo, olvidándose de la inversión", que en el largo plazo tiende a generar mejores condiciones de trabajo.
Sin embargo, destaca que "frente a la pobre creación de más y mejores empleos, y la imposibilidad de generar mejores remuneraciones, el gasto en transferencias sociales ha sido el mecanismo por excelencia más eficiente para mantener una relativa paz social".
Es decir, que "sin este aumento en el gasto social, que son los planes, la pobreza sería muy superior y el conflicto podría ser un factor de disolución social".