Cuando la semana pasada en la Champions se revirtieron resultados amplios, nos animamos a juzgar que esto a un entrenador argentino raramente le podría suceder. En determinado momento, y de no sufrir goles en el comienzo del partido, Zielinsky y Atlético apelarán a su instinto de conservación para sostener la ventaja. Si se defienden desde el comienzo como plan original pueden acabar mal. Pero si conservan la ventaja hasta la segunda parte, apelarán a precauciones para neutralizar la frenética búsqueda del rival.
Cuando comenzó esta Copa de la Superliga planteamos que ningún proyecto serio podrá prescindir de su entrenador por una eliminación en esta competición, y tanto Mohamed como Almirón abandonaron Huracán y San Lorenzo al ser eliminados en este torneo. El caso más reciente de Jorge Almirón se contextualiza dentro de la clasificación a octavos de final en la Libertadores y la falta de triunfos en la última Superliga.
Acorde con las incongruencias de nuestra dirigencia, la de San Lorenzo deseó a Almirón y cuando llegó nunca le brindó las condiciones para disponer de un plantel competitivo. Las demandas del técnico en el mercado de pases casi no fueron satisfechas por el club. Hace rato que los dirigentes de San Lorenzo dejaron los proyectos ambiciosos en el armado de planteles, pero la culpa termina siendo de Biaggio o Almirón. En fin, fútbol argentino.