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La democracia de ayer, de hoy y ¿de siempre? 

Guido Risso
por Guido Risso |
La democracia de ayer, de hoy y ¿de siempre?    

*Por Guido Risso

El contexto global de los sistemas políticos es complicado, el malestar y la frustración social han impactado (como rinoceronte enfurecido) de lleno con las democracias, generando una fenomenal crisis de representatividad y una desconfianza en el sistema nunca vista.

Sucede que la falta constante de respuestas y soluciones concretas por parte de la democracia liberal a (ya incalculables) reclamos y necesidades de todo tipo ha generado que los pueblos descrean de los sistema político tradicionales y que observen a sus democracias como un conjunto de practicas e instituciones obsoletas que no consiguen salvarlos del hambre, la violencia, enfermedades, el desamparo institucional; en definitiva -muchos millones- son conscientes que sus vidas y las de sus familias se deterioran sostenidamente ante el mármol brilloso de la democracia.

Es decir, estamos frente a una crisis de legitimidad generada por fallas previas de operatividad o de prioridades establecidas, lo cual lejos de resolverse, avanza y en ese camino reafirma nuevos liderazgos ultranacionalistas que mediante discursos de odio, acentúan el descontento social con las formas y los valores constitutivos de la democracia.

Existe un momento de la historia reciente que -a mi modo de ver-  generó una aceleración del rinoceronte ya enfurecido, me refiero a la crisis financiera del año 2008, momento en el cual esos miles de millones librados a su (mala) suerte, y a los cuales permanentemente se les oponía como argumento oficial la falta de recursos y medios necesarios para asegurarles dignidad en la vida, vieron como ese mismo sistema -ante el descalabro financiero mundial, la quiebra en serie de bancos internacionales, de empresas y corporaciones transnacionales- permitió y habilitó todos los mecanismos y recursos posibles para que los Estados, casi inmediatamente, desembolsaran cifras impronunciables (decenas de ceros) para rescatarlas; es decir, tenderles esa misma mano que a millones de personas se les venia, y viene, negando.

En consecuencia, esas mayorías de composición heterogéneas –que van desde las clases medias en descomposición que envejecen en la rueda del hámster, hasta aquellas que directamente se lanzan al mar para intentar sobrevivir en otro continente- observaron impávidas como es perfecta e institucionalmente posible “salvar” a un mega banco internacional o una automotriz.

En definitiva, lo sucedido en 2008 fue la estocada final a partir de la cual nuestro sistema político se desconectó de esa sociedad global dejando solo una estela que, como la espuma en el agua, va desapareciendo gradualmente. Es decir, estamos ante un funcionamiento reflejo del sistema. 

Esta etapa bien puede ser de mutación o de reconfiguración total, mientras tanto –como generación contemporánea a los acontecimientos- nos debatimos en una transición hacia no sabemos donde. Por el momento sucede lo esperable, lo típico de las salidas por miedo y frustración. 

Esto nos debe hacer reflexionar, no solo sobre sistemas políticos o formas de gobernanza, sino también directamente sobre el Estado mismo, y pensar una reforma estructural de los viejos Estados nación, pues los Estados que vienen serán de otro tipo; ojalá el próximo Estado -o aquello que lo remplace- sea más transparente, inclusivo, con mayores mecanismos de participación directa y procesos de articulación de la democracia deliberativa. Dependerá de nosotros.  

Doctor en Ciencias Jurídicas y Especialista en Constitucionalismo.Profesor ordinario de derecho constitucional, UBA

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