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Robo de duraznos, pañales y melones: en qué pierde tiempo la justicia argentina

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
Robo de duraznos, pañales y melones: en qué pierde tiempo la justicia argentina

Corre el 21 de marzo de este año, son las 9.45 de la mañana y “Pedro” entra a una verdulería ubicada en la calle La Rioja al 2000. Se acerca a una góndola, agarra cuatro latas de durazno y algunos sobres de especias y se va sin pagar. Los empleados se dan cuenta por las cámaras de seguridad, avisan a la policía y lo detienen.

El hombre había pasado tres días sin comer. Ante la justicia confiesa entre lágrimas: “Me encuentro en situación de calle, me dolía la panza, la cabeza y creo que tenía fiebre, todo por el hambre”. Hace 45 días que “Pedro” está en la cárcel de Ezeiza. La causa ya fue elevada a juicio y está en manos del Tribunal Oral en lo Criminal 24.

Tan solo unos días después, no muy lejos de allí, la historia se repite. “Oscar” de 42 años, vecino de Lomas del Mirador y  zapatero, entra a un supermercado ubicado en el barrio porteño de Flores e intenta robar tres paquetes de pañales para ayudar a su hermana con la crianza de su bebé.

Los toma del estante, los guarda disimuladamente en su bolsa y, mientras se hace el que habla por teléfono, busca salir del local. Pero no tiene suerte. La cajera se da cuenta, lo reta y le pide que devuelva los pañales. El muchacho le hace caso y deja los pañales donde estaban.  El tema es que cuando quiere retirarse, es detenido por la policía.

Velozmente “Oscar” es procesado por tentativa de hurto por el juez nacional en lo Criminal y Correccional 57 Martín Del Viso. Permanece un mes tras las rejas porque no hay nadie en su familia que pueda juntar mil pesos para pagar la fianza. Finalmente, por insistencia de su defensor bajan el monto a 300 pesos y lo liberan.

El 27 de febrero “Juan”, un muchacho que trabaja de cartonero, roba cuatro melones exhibidos en un cajón de madera en una verdulería ubicada en la calle Gutenberg 2889 y se va. El hecho es observado por policías que trabajan en el lugar y que lo persiguen hasta detenerlo. El juicio se hace rápidamente: el TOC 10 lo condena a quince días de prisión en suspenso.

Los casos de “Pedro”, “Oscar” y “Juan” no son los primeros ni los únicos en los que la justicia argentina actúa de forma rápida y aplica su mano de hierro. Pero mientras la justicia argentina aplasta a los débiles, con la otra mano acaricia a los poderosos de turno.

Quizás los casos más burdos sean los ex funcionarios y empresarios que están actualmente siendo enjuiciados, condenados y/o absueltos por hechos de la década del 90: Samid, Menem, Cavallo, etc.

Lo contamos con Federico Delgado en el libro “La Cara injusta de la justicia”, a través del caso de “Ezequiel”, que durante el gobierno de Cristina Kirchner fue detenido e investigado de forma exprés en Comodoro Py por robarse un tablón para hacerse un fueguito en pleno invierno por el mismo juez que acumulaba desde hacía años papeles de una causa de presunta corrupción kirchnerista.

Por estos días, mientras que las causas que rozan al presidente Mauricio Macri - como definió la colega Emilia Delfino - presentan importantes “dilaciones” y “buenas noticias” los ciudadanos vulnerables son aplastados por el Poder Judicial argentino.

Por ejemplo, la causa que investiga las irregularidades y sobornos en torno al Soterramiento del Sarmiento comenzó hace cuatro años y, a pesar de las pruebas del Lava Jato que duermen en Brasil, va lento. Lo mismo sucede con el expediente judicial sobre la condonación de la deuda del "Correo Argentino". Desde febrero de 2017, a pesar del empuje de la fiscal Boquín, prácticamente no presenta avances.

Estos hechos muestran que en la sociedad argentina no hay grieta. Hay múltiples fragmentos derivados de un formato social básicamente injusto, que expulsa ciudadanos del contrato social y responde a la impugnación de quienes buscan sobrevivir con la cárcel. Es decir, la sociedad crea violencia y responde con violencia.

La justicia, con sus múltiples varas, permanece en esa zona de confort derivada de juzgar los hechos sin tener en cuenta el contexto. De ese modo, ratifica su hábito de docilidad frente al poder y crueldad con los vulnerables.

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