“Si consigue aprobar, aunque sea parcialmente, la ley de jubilación, Brasil va a comenzar a crecer entre el 3% y 4% por los próximos 10 años como mínimo. El efecto va a estar en los primeros seis meses, donde intentará mostrar a qué vino y buscará conseguir, efectivamente, un cambio de la tendencia económica”, afirma Segré.
¿Por qué el sistema previsional es clave para el futuro de Bolsonaro? Porque son varios los analistas que consideran que si Brasil no modifica el actual modelo de reparto (los trabajadores activos aportan a un fondo común que paga las jubilaciones) va camino a la insolvencia. Y en ese sentido, el sistema de AFJP chileno, y varias de las recetas económicas que allí se aplican, aparecen como el camino a seguir.
“Bolsonaro y su equipo han hecho alusión al ‘modelo chileno’ y las reformas impulsadas durante la dictadura de Augusto Pinochet”, señala Cristopher Martínez, quien también marca, como un dato a tener muy en cuenta, “la relación cordial” entre el flamante mandatario brasileño y Sebastián Piñera, su par chileno.
“Chile puede jugar un papel importante porque, de alguna manera, Bolsonaro le apunta al modelo económico y al modelo de la jubilación de ese país. Entonces, me parece que va a haber una aproximación entre Brasil y Chile. Para Argentina, la oportunidad sería acompañar esa aproximación”, agrega Segré.
En este escenario, si de oportunidades se trata, Argentina se sitúa en una posición algo incómoda ante la llegada de Bolsonaro.
Con una economía en recesión y de cara a un año electoral, difícilmente logre imponerle condiciones al nuevo hombre fuerte del Planalto si concreta aquello que Paulo Guedes, su ministro de Hacienda, dejó escapar post victoria en las elecciones: que ni Argentina ni el Mecosur serán prioridad.
“Las declaraciones tienen un peso no solo simbólico en las relaciones internacionales. El hecho de que Guedes haya afirmado que Argentina no es prioridad para el próximo gobierno, dice bastante. Primero porque el gobierno de Bolsonaro se enfocará en instalarse y luego en lidiar con problemas domésticos más urgentes, probablemente de carácter económico. Entonces, las relaciones bilaterales con actores regionales como Argentina, por muy importantes que sean, no es algo ni de suma urgencia ni, al parecer por las declaraciones, prioritario”, sostiene Martínez.
“Lo planteado por el nuevo ministro me recuerda a la política comercial de Chile en los años 90, con la cual descuidó un tanto las relaciones con los países vecinos”, agrega.
Segré, en tanto, considera que el trato puede ser “muy bueno”, aunque advierte que, para eso, Macri deberá apelar a un mecanismo de “seducción” para tratar de acercar las posiciones.
“La relación de ambos países se puede modificar, aunque a Brasil no le conviene mucho porque tiene superávit. Desde el 2003 a la fecha son 55 mil millones de dólares a favor de Brasil. No tendría ningún motivo por el cual romper la relación. Pero seguramente, Bolsonaro va a proponer un Mercosur con mucha más flexibilización en cuanto a los acuerdos que puedan hacer. Y si no, va a proponer retraer el Mercosur a una zona de libre comercio para que cada uno pueda ir para el lado que quiera. Eso no sería bueno para Argentina porque hoy las macroeconomías están claramente favorables a Brasil. Pero me da la sensación de que la relación comercial con Argentina depende más de lo que Macri proponga que de lo que Bolsonaro quiere hacer. Eso sí: en caso de que los cambios que propone finalmente funcionen, Bolsonaro le va a poner una presión gigantesca a Macri para que haga lo mismo en el último año de gestión”, concluyó Segré.