El caso ha vuelto a poner en discusión las condiciones precarias en las que operan muchos de los trabajadores informales que acceden a estos espacios mediante permisos de recolección. La actividad minera en Bolivia está dividida entre el sector estatal, el privado y las cooperativas, siendo estas últimas las más vulnerables en términos de seguridad.
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Un trabajador en una mina de oro. (Foto: AFP)
Según los registros oficiales, ya suman 73 los muertos en accidentes mineros en Potosí en lo que va del año. Solo en marzo, cinco personas murieron en circunstancias similares por otro derrumbe ocurrido en una mina cercana a la ciudad de La Paz.
Qué es la paqoma y por qué representa un riesgo
La paqoma es una práctica extendida en zonas mineras de Bolivia, especialmente en comunidades que viven en las inmediaciones de grandes yacimientos. Consiste en recolectar restos de material mineralizado que no son procesados por la explotación principal. Aunque cuenta con cierta tolerancia institucional, no implica una relación formal de empleo y se desarrolla, muchas veces, sin supervisión técnica ni medidas de seguridad.
Las personas que realizan paqoma lo hacen de forma manual, muchas veces en horarios nocturnos o con condiciones climáticas adversas, lo cual multiplica el riesgo de siniestros. La falta de capacitación y equipamiento agrava aún más esta situación.
En el caso de Amayapampa, las víctimas no eran trabajadores de planta, pero la empresa había otorgado permisos para que ingresaran al predio a recolectar materiales. La autoridad policial confirmó que tres cuerpos fueron llevados a la morgue de una localidad cercana, mientras que los otros dos fueron retirados por sus familiares directamente en el lugar del derrumbe.
Una constante trágica: la inseguridad en las minas bolivianas
Los derrumbes, la inhalación de gases tóxicos y las explosiones son los principales causantes de accidentes fatales en la minería boliviana. La falta de controles regulares, sumada a la debilidad en la fiscalización de las condiciones laborales, genera un escenario preocupante, en especial para cooperativistas y trabajadores sin relación formal de dependencia.
La alta cifra de fallecidos en lo que va del año evidencia un problema estructural. Las zonas mineras de Potosí y La Paz, donde operan muchas cooperativas y pequeñas empresas, presentan infraestructura obsoleta y escasa inversión en seguridad industrial. Aunque el Estado posee participación en algunos yacimientos clave, la realidad del día a día en estas minas suele estar marcada por improvisación y precariedad.
En ese contexto, el derrumbe en la mina de Potosí no es un hecho aislado, sino un reflejo de una cadena de negligencias que se repite con alarmante frecuencia.