Por eso, el Poder Legislativo, en el que Castillo tiene una minoría de congresales, cambió de estrategia. Ya no insiste con vacancia, suspensiones o juicio político. Directamente presionan al presidente para que renuncie. "Resulta muy preocupante su falta de capacidad para gobernar”, dice el categórico pronunciamiento del Congreso.
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Sigue el grado de violencia y tensión en el Perú mientras piden la renuncia del presidente Castillo (foto: Gentileza El Comercio)
Sigue la tensión social en Perú
El panorama social se descomprimió en parte por la vuelta atrás con el porcentaje del aumento del precio de los combustibles. Eso motivó la protesta de los transportistas a los que se sumaron otros sectores de la sociedad. Pero aunque el gobierno volvió sobre sus pasos, la crisis no disminuye. Los transportistas no desmontaron por completo la protesta.
En la jornada del jueves varios sectores se volcaron nuevamente a las calles, aunque de manera menos traumática que el lunes y martes pasado. Los choferes y los dueños de las empresas de transporte quieren un compromiso mayor del gobierno para que no vuelva a la carga con los aumentos de los combustibles. El problema es el que margen de negociación está prácticamente agotado en un equipo de gobierno que todavía no cumplió un año en el poder.
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Aníbal Torres, primer ministro de Perú evocó a Hitler para aludir a una profunda transformación de su país (Foto: Archivo)
Un primer ministro confundido y asediado
"El gabinete está muy sólido, estoy muy contento con este equipo que viene trabajando por el bien del país", dijo Aníbal Torres. El primer ministro (similar a un jefe de gabinete en la Argentina) es tan cuestionado o más que el presidente Castillo. La mayoría de los análisis periodísticos y de la clase política lo acusan de no tener la menor capacidad para gestionar ese cargo fundamental del gobierno.
Sin embargo, el funcionario ignora todas las críticas y dice: "El gabinete está muy sólido, estoy muy contento con este equipo que viene trabajando por el bien del país".
Para peor, no tuvo mejor idea que invocar a Hitler y a Mussolini para poner como ejemplo de la transformación que debería tener el Perú. Luego tuvo que pedir disculpas ante la airada protestas de las embajadas de Israel y de Alemania.