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Guerra en Medio Oriente

La guerra entre Irán y Estados Unidos escala en la región y ya afecta al mundo

Donald Trump aseguró que Teherán tenía misiles con capacidad para llegar a los Estados Unidos. Por eso, decidió iniciar el ataque en el que acabó con el líder Ali Khamenei. Pero las represalias de Irán - a Israel y países árabes - traen más preocupación a la región y al mundo.

por Roberto Adrián Maidana | 02 de marzo de 2026 - 15:48

"Aún no hemos comenzado la gran operación militar", dijo Donald Trump desde la Casa Blanca. Los nuevos ataques sobre Teherán son la muestra de lo que anunció. Antes de esta frase, incluso anunció que a la guerra le quedan aún entre 4 y 5 semanas más. Mientras tanto, Israel retomó los ataques contra El Líbano. En el último, asegura haber eliminado a quien era el jefe de Hezbollah en ese país.

En una nota con medios de su país, Trump fue muy preciso: “El régimen ya contaba con misiles capaces de alcanzar Europa y nuestras bases, tanto locales como extranjeras, y pronto habría tenido misiles capaces de alcanzar nuestra hermosa América” y agregó: "Si no atacabamos primero, ellós iban a hacerlo".

A la vez, Irán, pese a haber perdido a Alí Khamenei, su líder, respondió con ataques hacia varios países árabes que, desde la mirada de Teherán, son aliados de Estados Unidos y no condenan al estado israelí. El régimen de los ayatolas propaga la negación del derecho a Israel a exististir como nación o país.

Esto ha hecho que este conflicto se vea como mucho más grave que lo que sucedió en medio de la guerra entre Israel y Hamas. En junio de 2023, Estados Unidos atacó con armamento sofisticado y destruyó los centros subterráneos del plan nuclear de Irán. La respuesta fue limitidasíma o nula. Ahora, los misiles iraníes salieron hacia aliados árabes de los norteamericanos.

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Así, la guerra en Medio Oriente dejó de ser un conflicto localizado y entró en una fase de expansión regional con múltiples frentes abiertos, escalada militar directa entre potencias y temor global por una guerra de alcance imprevisible. El enfrentamiento entre Irán, Israel y Estados Unidos reconfigura el equilibrio geopolítico mundial y dispara alertas económicas, militares y diplomáticas.

El conflicto se intensificó tras los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní. La ofensiva apuntó a instalaciones militares, centros de poder político y estructuras de seguridad del régimen. La operación abrió un escenario que combina guerra convencional, ataques indirectos y represalias en distintos puntos de la región.

mapa por irán

Los diferentes escenarios en los que ha escalado el conflicto inicial entre Israel y Estados Unidos contra Irán. (Foto: A24.com)

Irán: la represalia contra los "aliados árabes de Estados Unidos"

Irán respondió con bombardeos contra Israel y bases estadounidenses en países del Golfo, mientras milicias aliadas activaron frentes paralelos desde territorios vecinos. La lógica del conflicto dejó de ser bilateral. Ahora funciona como una red de actores armados conectados por alianzas estratégicas.

La confrontación se desarrolla en tres dimensiones simultáneas, aire, mar y territorio indirecto. Misiles, drones, ataques navales y operaciones encubiertas configuran una guerra híbrida con impacto regional. Estados Unidos aseguró haber destruido infraestructura militar iraní y enfrentamientos navales en el Golfo elevaron el nivel de tensión global.

Irán lanzó ataques contra Kuwait, asegura haber derribado dos F-15 norteamericanos, contra Arabia Saudí, Qatar ( aliado y mediador de Irán, algo muy extraño), Dubai y amenazado el tráfico naval por el mar Rojo y el estrecho de Ormuz.

ataques de iran

Irán lanzo una ofensiva como represalia por casi todos los países de la región. Varios de ellos, árabes considerados como "traidores" por Teherán. (Foto: A24.com)

El resto del mundo observa preocupado

Rusia condenó la ofensiva occidental y reforzó su respaldo político a Teherán, mientras China pidió negociaciones urgentes y estabilidad energética global.

Europa también reaccionó con alarma. Líderes internacionales advierten que el escenario podría derivar en una crisis internacional de gran escala si no se detiene la escalada. Desde el Vaticano se pidió frenar la espiral de violencia y evitar una tragedia mayor.

La guerra impacta directamente en el sistema económico global. El petróleo subió con fuerza ante el temor a interrupciones en el suministro desde el Golfo Pérsico. El precio del crudo aumentó alrededor de 10% y llegó a los 80 dólares por barril, impulsado por el riesgo de bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial.

El mercado interpreta que la seguridad energética global está en juego. El cierre o la interrupción del tránsito marítimo en la zona podría afectar el suministro mundial y generar presión inflacionaria internacional.

El conflicto también repercute fuera de la región. Países occidentales reforzaron sistemas de seguridad interna, elevaron alertas en infraestructuras sensibles y preparan medidas preventivas ante posibles ataques indirectos o acciones terroristas vinculadas al enfrentamiento.

El escenario militar se caracteriza por una dinámica de acción y reacción. Cada ofensiva produce una represalia mayor. Cada respuesta amplía el teatro de operaciones. El equilibrio estratégico se vuelve cada vez más frágil.

En términos políticos, el conflicto redefine alianzas globales. Estados Unidos busca reafirmar su presencia en Medio Oriente, mientras Irán intenta sostener su influencia regional mediante milicias y socios estratégicos. Rusia y China observan el proceso como una oportunidad para disputar liderazgo global y debilitar la hegemonía occidental.

El enfrentamiento también expone el fracaso de las vías diplomáticas previas. Las negociaciones para limitar el programa nuclear iraní quedaron desplazadas por la lógica militar. La política internacional vuelve a girar hacia esquemas de confrontación directa.

El temor central es el efecto dominó. Un conflicto prolongado podría involucrar a más países, alterar mercados energéticos, provocar crisis migratorias y generar inestabilidad financiera global. La región concentra rutas comerciales estratégicas y una parte decisiva del suministro mundial de energía.

Khamenei y Teherán

El ataque que inició esta escalada en Medio Oriente. EE.UU. e Israel eliminan al líder iraní, Alí Khamenei. (Foto: A24.com)

La guerra en Medio Oriente entra así en una fase crítica. Ya no se trata solo de un choque entre Estados, sino de una disputa estructural por el equilibrio del poder mundial.

El resultado permanece incierto. La escalada continúa. El sistema internacional observa con preocupación el desarrollo de una confrontación que redefine el orden global y abre un escenario de inestabilidad prolongada.

Dos datos para poner en comparación la gravedad de esta escalada. La guerra entre Rusia y Ucrania lleva ya más de 4 años de combates. Hoy, casi ni un posteo se conoce sobre el conflicto. A principios de año, apenas hace un mes y medio, Donald Trump hizo sacudir a sus aliados en Davos cuando reclamó "una porción de hielo" para su soberanía. Se refería a Groenlandia, territorio ártico que pertenece a Dinamarca. Lo dijo el 21 de enero. Ante los sucesos de este momento, parece casi una anecdota risueña. El mundo está, ahora sí, haciendo evaluaciones minuto a minuto. Eso, a Trump, parece tenerlo sin cuidado.

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