Terrorismo

La masacre de Munich: cómo el terrorismo transformó en tragedia a los Juegos Olímpicos

El 5 de septiembre de 1972, un grupo palestino secuestró a integrantes de la delegación israelí. Fueron 21 horas dramáticas que terminaron con la muerte de 11 atletas.
Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
Masacre de Munich: Uno de los terroristas palestinos

Masacre de Munich: Uno de los terroristas palestinos, desde el balcón de una habitación de los atletas de Israel (Foto: Archivo)

“Si al final el resultado es el que creemos que ha sido, entonces, en una semana habremos olvidado estas horas difíciles”, (Conrad Ahlers, vocero del gobierno alemán) “Si al final el resultado es el que creemos que ha sido, entonces, en una semana habremos olvidado estas horas difíciles”, (Conrad Ahlers, vocero del gobierno alemán)

Nada más alejado de lo que significó lo ocurrido entre el 5 de septiembre de 1972 y la madrugada del 6 en Munich. El terrorismo internacional desplegó uno de los ataques más brutales hasta ese momento.

Alemania volvía a tener una ciudad sede de los Juegos Olímpicos desde Berlín en 1936, durante el apogeo nazi. Querían mostrar al mundo una nueva imagen, completamente diferente.

Los juegos de la paz y la alegría

Fue la consigna para la XX° edición de los juegos de la era moderna. Por eso, las autoridades alemanas tomaron una serie de medidas que, finalmente, favorecieron el accionar de los terroristas palestinos.

Los policías que daban seguridad en los Juegos no estaban armados. Llevaban un uniforme celeste, casi como guías turísticas. Solo portaban “handies” para alertar por cualquier inconveniente.

Además, el estado alemán, derrotado en la segunda guerra mundial, tenía impedido por su nueva constitución que el ejército se involucrara en acciones internas de seguridad.

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Los terroristas palestinos, con los atletas israelíes como rehenes en su habitación de la villa olímpica (Foto: Archivo)

Los terroristas palestinos, con los atletas israelíes como rehenes en su habitación de la villa olímpica (Foto: Archivo)

Septiembre negro

Era una facción Al Fatah y la OLP (organización para la liberación de Palestina, ambas lideradas por Yasser Arafat). Se llamaban a sí mismos “Fedayines” o “combatientes de la libertad” de los palestinos.

Un grupo integrado por 8 terroristas ingresó por sorpresa al complejo de la villa olímpica en donde estaban los atletas israelíes. Era la madrugada del 5 de septiembre de 1972.

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Apertura de los JJ.OO. Munich´72. De los

Apertura de los JJ.OO. Munich´72. De los "juegos de la paz y la alegría" a una masacre (Foto: Archivo)

Una villa con discretos controles

Para impulsar su nueva imagen, las autoridades alemanas tampoco dotaron de una gran seguridad el área reservada para las delegaciones deportivas. Guardias sin armamento y rejas muy simples de saltar.

Los propios deportistas lo hacían cada noche para ir a bares, a bailar o a celebrar.

Así se facilitó el ingreso de los terroristas. Incluso, un par de guardias los vieron saltar el alambrado perimetral. Eran las 4.40 de la madrugada y pensaron que eran deportistas regresando tras una noche de fiesta.

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La delegación israelí en la apertura de los JJ.OO. de Munich´72 (Foto: Archivo)

La delegación israelí en la apertura de los JJ.OO. de Munich´72 (Foto: Archivo)

El escenario 21

En la preparación de los Juegos Olímpicos, el gobierno alemán encargó al especialista forense germano-occidental Georg Sieber para que planteara hipótesis de seguridad.

El escenario 21, imaginado por él, se refería a una situación de asalto en las habitaciones de los deportistas. Pero fue descartada como alternativa y no hubo ninguna medida de seguridad específica. Eso fue justo lo que sucedió.

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Con gorra y la cara tiznada, Issa, el jefe de los secuestradores palestinos (Foto: Archivo)

Con gorra y la cara tiznada, Issa, el jefe de los secuestradores palestinos (Foto: Archivo)

El comienzo de la masacre

El comando de “Septiembre negro”, con armas largas y granadas, ingresó en el edificio en donde se alojaban los atletas israelíes.

Cuando llegaron al piso indicado, un hecho fortuito desencadenó la catástrofe. El entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg oyó un ruido por los pasillos. Alertado por la hora, al intentar abrir la puerta se topó con los secuestradores. Con sus ametralladoras forcejearon para impedir que Wienberg pudiera cerrarla. Recibió un tiro, que le costaría la vida, pero pudo dar el grito de alerta.

Nueve atletas escaparon del edificio corriendo y avisaron a las autoridades. La tragedia iba en aumento.

La primera víctima fatal fue el luchador Yossef Romano. Forcejeó con un atacante, pero lo mataron de un disparo.

Los terroristas se concentraron en una de las habitaciones. En la que ejecutaron a Romano y ataron a los demás atletas israelíes. Nueve en total: David Berger, Ze'ev Friedman, Joseph Gutfreund, Eliezer Halfin, André Spitzer, Amitzur Shapira, Kehat Shorr, Mark Slavin y Yakov Springer.

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Los 11 integrantes del equipo olímpico israelí asesinados en la

Los 11 integrantes del equipo olímpico israelí asesinados en la "masacre de Munich" (Foto: Archivo)

El grupo terrorista estaba integrado por 8 personas:

  • Luttif Afif , alias “Issa” (« Jesús » en árabe)
  • Yusuf Nazzal, llamado “el vaquero”, porque portaba un sombrero texano .
  • Afif Ahmed Hamid.
  • Khalid Jawad.
  • Ahmed Chic Thaa.
  • Mohammed Safady.
  • Adnan Al Gashey.
  • y su sobrino Jamal Al-Gashey.
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Manchas de sangre e impactos de balazos en la pared, así quedó la habitación en que estaban los atletas israelíes secuestrados (Foto: Archivo)

Manchas de sangre e impactos de balazos en la pared, así quedó la habitación en que estaban los atletas israelíes secuestrados (Foto: Archivo)

La demanda de los terroristas

Los fedayines exigieron la liberación de 234 palestinos detenidos en cárceles israelíes y dos fundadores del insurgente Ejército Rojo en Alemania. El plazo inicial fue de 3 horas. De lo contrario, matarían escalonadamente a los israelíes.

Los negociadores alemanes convencieron a los terroristas de que necesitaban más tiempo. Antes que nada, debían informar al gobierno de Israel de la situación.

Pero la respuesta de Golda Meir, la primera ministra israelí fue tajante: “No hay negociación con ningún grupo terrorista”.

Tiempo para una operación de rescate

Hans-Dietrich Genscher, ministro del interior; Manfred Schreiber, jefe de Policía de Munich y el intendente de la villa olímpica, Walther Tröger fueron los encargados de la negociación. No se atrevieron a transmitir a los terroristas la negativa israelí. Necesitaban ganar tiempo para intentar rescatar a los rehenes.

Así se vieron imágenes curiosas, como la policía Anneliese Graes, que ofició de traductora, hablando cara a cara con Issa, el jefe del comando.

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Issa negocia

Issa negocia "cara a cara" con la alemana Anneliesse Graes (Foto: Archivo)

La televisión, aliada de los terroristas

Al saberse la noticia, la televisión dejó la cobertura de los juegos y enfocó sus cámaras en el edificio con los atletas israelíes como rehenes. El mundo pudo ver en directo todo lo que allí ocurrió.

Esto impidió que las fuerzas de seguridad pudieran llevar adelante una acción efectiva contra el grupo terrorista. Veían por televisión el desplazamiento de policías armados, disfrazados como atletas por todos los techos y balcones del edificio.

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Tanquetas de la policía alemana frente al edificios que albergaba a los deportistas israelíes secuestrados (Foto: Archivo)

Tanquetas de la policía alemana frente al edificios que albergaba a los deportistas israelíes secuestrados (Foto: Archivo)

La Operación Sonnenschein”

Era la palabra clave para que la policía entrara en acción, pero el plan fracasó porque no había manera de sorprender a los terroristas.

Nada dio resultado. Ni el envió de comida con policías disfrazados como cocineros. Issa, llevó personalmente las cajas con el alimento al interior del edificio.

Tampoco el intento de sorprenderlos en la zona de vehículos del edificio. Issa quiso recorrer primero el lugar y el jefe de policía, que lo acompañaba, dio a viva voz la orden de abortar el ataque.

Finalmente, los terroristas subieron a un omnibus con los 9 israelíes. Una breve distancia para abordar dos helicópteros detrás del edificio olímpico. Tan mala era la información del gobierno alemán y la policía que solo al verlos subir supieron que los terroristas eran 8. El destino: una base militar para dejar Alemania en un avión.

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Terroristas dejan la villa olímpica en un micro con los rehenes para abordar dos helicópteros (Foto: Archivo)

Terroristas dejan la villa olímpica en un micro con los rehenes para abordar dos helicópteros (Foto: Archivo)

Tragedia en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck

A las 22.30 del 5 de septiembre, los dos helicópteros se posaron en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck.

La policía preparó allí otro plan. El avión que esperaba a los secuestradores tenía a policías como tripulación más la presencia de 5 francotiradores en el área.

Pero de nuevo la astucia de los terroristas y la incompetencia de los alemanes quedó de manifiesto. Y provocó un desenlace fatal.

Los policías a bordo del avión no tenían la experiencia en este tipo de operaciones. El jefe, convencido del fracaso asegurado, optó por dejar la aeronave vacía.

De nuevo, Issa jugó un papel fundamental. Bajó de un helicóptero acompañado por el “vaquero” Yusuf Nazzal.

Cuando llegó al avión y vio que estaba vacío, comprendió que estaba ante una trampa, regresó a la carrera a los helicópteros mientras los francotiradores abrieron fuego.

Su falta de preparación les impidió dar en el blanco. Solo hirieron en una pierna a Nazzal.

Issa, se cubrió debajo de uno de los helicópteros y tomó una decisión dramática. Disparó contra Springer, Halfin, Friedman y Berger. Los tres primeros murieron de inmediato. La autopsia determinó que Berger, malherido, había muerto por inhalación de humo.

Además, el jefe de los terroristas lanzó una granada que destruyó el helicóptero e incineró a los israelíes atados en su interior.

Otro de los terroristas, Adnan Al Gashey, ametralló a los cinco rehenes restantes en el otro helicóptero: Gutfreund, Shorr, Slavin, Spitzer y Shapira recibieron, como mínimo, cuatro tiros cada uno.

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Vista aérea del aeropuerto de Fürstenfeldbruck, luego del enfrentamiento con los terroristas palestinos que asesinaron a 11 israelíes (Foto: Archivo)

Vista aérea del aeropuerto de Fürstenfeldbruck, luego del enfrentamiento con los terroristas palestinos que asesinaron a 11 israelíes (Foto: Archivo)

Los terroristas abatidos

Cinco de los integrantes de Septiembre negro murieron en el aeropuerto. Issa, el jefe, entre ellos.

Tres fueron capturados por la policía. Jamal Al Gashey, Mohammed Safady y Adnan Al Gashey (el único ileso).

A la 1.30 del 6 de septiembre, el tiroteo había terminado. Uno de los dos helicópteros estaba destruido. Pero, todavía faltaba una torpeza más del gobierno.

Conrad Ahlers, el portavoz del gobierno de Alemania, aseguró que la operación había sido un éxito rotundo: los terroristas abatidos y los rehenes liberados sanos y salvos. Hubo festejos en todo el mundo, especialmente por el gobierno de Israel.

3 horas más tarde se supo que la realidad era mucho más trágica: Los 11 atletas israelíes estaban muertos.

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Los palestinos asesinaron a tiros a los israelíes a bordo de los helicópteros. A uno de ellos, además lo hicieron estallar con una granada (Foto: Archivo)

Los palestinos asesinaron a tiros a los israelíes a bordo de los helicópteros. A uno de ellos, además lo hicieron estallar con una granada (Foto: Archivo)

El "espectáculo" debe continuar

El titular del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage se impuso para que los Juegos de Munich continuaran pese a las protestas para que fueran suspendidos.

En el estadio olímpico hubo un memorial por los muertos. Con 80.000 espectadores y 3.000 atletas. Pero en la tarde de ese luctuoso 6 de septiembre, un partido de fútbol marcó la continuidad de la competencia.

El 7 de septiembre la delegación olímpica israelí dejó los Juegos de Munich. Regresaron a Tel aviv en un vuelo especial. Llevaba los féretros de sus 11 compañeros asesinados.

Apenas, 53 días después, el 29 de octubre de 1972, un comando palestino secuestró un avión de Lufthansa con 19 pasajeros. Exigieron la liberación de los tres terroristas capturados en Munich. El gobierno alemán aceptó. Fue cuando Israel decidió que la muerte de los atletas debía ser vengada.

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Golda Meir, la primera ministra de Israel que decidió la venganza sobre los responsables de la masacre de Munich (Foto: Archivo)

Golda Meir, la primera ministra de Israel que decidió la venganza sobre los responsables de la masacre de Munich (Foto: Archivo)

La “cólera de Dios"

La primera ministra Golda Meir convocó de urgencia a una reunión secreta de sus colaboradores. Allí tomó una decisión fundamental: Todos los autores de la masacre de Munich (ejecutores sobrevivientes y quienes lo planearon) debían ser hallados y ejecutados. Sin importar el lugar del mundo en donde fuera.

El “Mossad”, el servicio secreto israelí fue el encargado de cumplir la “operación Cólera de Dios”. Dirigida personalmente por su jefe máximo: Michael “Mike” Harari.

La primera víctima del grupo de operaciones secretas fue Wael 'Aadel Zwaiter. Se lo tenía por integrante de “Septiembre Negro”. Era el representante oficial de la OLP en Italia. Fue asesinado el 16 de octubre de 1972.

Ese mismo año, el 8 de diciembre, Mohammad Hamshiri fue asesinado en París. Una bomba instalada en su teléfono estalló cuando atendió un llamado.

Entre fines del 72 y el primer trimestre de 1973 hubo cuatro muertes más. En Chipre, Grecia y nuevamente en París.

Ningún país europeo presentó reclamo alguno. Israel, además desconocía cualquier vinculación con esas muertes.

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Ehud Barak, líder del comando del Mossad que participó en Beirut del asesinato de 3 palestinos (Foto: Archivo)

Ehud Barak, líder del comando del Mossad que participó en Beirut del asesinato de 3 palestinos (Foto: Archivo)

La primavera de la juventud

El “Mossad” descubrió que otros tres objetivos, dirigentes de la OLP, se encontraban ocultos en Beirut, El Líbano.

Mohammad Yusuf al Najjar (Abu Yusuf), Kamal Adwan y Kamal Nasser, residían en una misma zona para facilitar su custodia. Un comando israelí desembarcó para llevar adelante la misión que terminó con los tres al mismo tiempo.

El jefe de la operación fue Ehud Barak, el militar más condecorado en la historia de Israel. Comandó al grupo disfrazado de mujer, simulaba ser la pareja de otro miembro del servicio secreto infiltrado en Beirut. Llegó a ser Primer ministro de Israel entre julio 1999 y marzo de 2001.

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Yasser Arafat, líder de la OLP, con Alí Hassan Salameh, el

Yasser Arafat, líder de la OLP, con Alí Hassan Salameh, el "príncipe rojo" (Foto: Archivo)

A la caza del “príncipe rojo”

Así apodaban a Alí Hassan Salameh, conocido por hacer alarde de su riqueza, estar rodeado de mujeres y conducir autos deportivos.

El Mossad no supo que Salameh (también conocido como Abú Hassán) estaba en Beirut cuando mataron a los otros tres palestinos.

El 21 de julio de 1973, un error le costó la vida a un inocente en Noruega e interrumpió la búsqueda de los responsables de la masacre de Munich.

Los espías israelíes creyeron que en la localidad noruega de Lillehammer, estaba oculto Abú Hassán. Un comando viajó en secreto y lo ejecutó mientras caminaba con su mujer embarazada. Pero se equivocaron de persona. Mataron a un camarero marroquí que vivía en esa ciudad nórdica.

El error casi le cuesta el puesto a Harari en el Mossad. Lo conservó, pero la primera ministra de Israel, Golda Meir, suspendió la operación “Cólera de Dios”.

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Tres de los terroristas palestinos abatidos por la policía alemana (Foto: Archivo)

Tres de los terroristas palestinos abatidos por la policía alemana (Foto: Archivo)

En 1977, Menajem Beguin, llegó al poder en Israel. Fue integrante del grupo terrorista que hizo estallar y reducirse a escombros al hotel Rey David, en Jerusalén el 22 de julio de 1946. Era el cuartel de las autoridades británicas en Palestina. Murieron 91 personas. Beguin luchaba por la independencia de Israel.

Treinta y un años más tarde, como primer ministro, dijo que la masacre de Munich era una herida abierta para los israelíes y le dio la orden a Harari y al Mossad de terminar la tarea: encontrar a Salameh.

En 1979 lo localizaron nuevamente en Beirut. Luego de una compleja planificación, un comando, dirigido por una mujer, Erika Mary Chambers (nombre clave) realizó un atentado que terminó con su vida.

Colocaron un coche bomba en el recorrido habitual de Salameh por las tardes en Beirut. Chambers se hizo pasar por una artista excéntrica que pintaba todos los días desde su balcón. En realidad, era un lugar de vigilancia. El 22 de enero de 1979, al paso del vehículo de Salameh, accionó el control remoto de los 30 kilos de explosivos que tenía el automóvil estacionado.

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Un coche bomba activado por el Mossad terminó con la vida de Salameh en Beirut (Foto: Archivo)

Un coche bomba activado por el Mossad terminó con la vida de Salameh en Beirut (Foto: Archivo)

7 años después de la masacre de Munich, la operación “Cólera de Dios”, había concluido.

¿El único sobreviviente?

El 3 de julio de 2010, Mohammed Daoud Oudeh, alias “Abú Daoud” murió en el Hospital Al Andalús de Damasco, Siria, por una insuficiencia renal. Él mismo relató como participó en la gestación y el inicio de la masacre de Munich. Nunca lo atraparon.

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