“La esperanza finalmente le ganó al miedo y la sociedad decidió que estaba en la hora de andar por nuevos caminos”.
“La esperanza finalmente le ganó al miedo y la sociedad decidió que estaba en la hora de andar por nuevos caminos”.
Era el 1 de enero de 2003. Luiz Inácio Lula da Silva asumía el poder en Brasil y casi en el inicio de su mensaje de asunción arrancaba los primeros aplausos del público al resaltar la decisión de su pueblo de superar los prejuicios y optar por el primer presidente obrero de la historia de su país. La nación más poblada de Sudamérica, que por entonces celebraba poco más de una década de democracia, giraba así hacia el progresismo e inauguraba una era de mandatarios de ese signo que se extendería a Argentina y Uruguay, entre otros.
Hoy, casi 16 años después, ese mismo país parece dispuesto a cambiar radicalmente el rumbo y dar un vuelco hacia la ultraderecha, representada en este caso por Jair Messias Bolsonaro, diputado federal y ex militar reconocido por su postura nacionalista y conservadora, su reivindicación de la dictadura y autor de frases muchas veces cargadas de racismo y homofobia. Ese mismo al que pocos tomaban en serio hace solo un puñado de meses y al que un atentado en medio de la campaña pareció potenciar aún más su candidatura presidencial para quedar, según las encuestas, a un paso de llegar al Palacio de Planalto.
¿Por qué? “La candidatura de Bolsonaro es una manifestación de la clase media brasileña. Es una posición esencialmente anti sistema político, al que la gente vincula con la corrupción. Y también es anti PT (el Partido de los Trabajadores, de Lula), al que identifican como el causante de la recesión económica y al que le otorgan la principal responsabilidad en lo que se refiere al Lava Jato”, señala el analista internacional Jorge Castro en diálogo con A24.com.
Además, agrega dos datos que muestran que un sector clave del poder económico y hasta de la religión son dos de los pilares que sustentan el liderazgo en las encuestas de este ex capitán del Ejército. “La última semana ocurrió algo de extrema importancia: el frente agrario brasileño, que tiene 265 diputados y senadores en el Congreso, ha dado el respaldo explícito y formal a su candidatura. Y por otro lado, también es un hecho que las iglesias evangélicas brasileñas y sus comunidades están respaldándolo activamente”, apunta Castro. Para graficar este último punto, vale un dato: se estima que casi un 30% de la población profesa este credo.
La opinión del analista argentino coincide en parte con la de Juremir Machado, periodista, historiador y doctor en Sociología, quien desde Porto Alegre explica lo que denomina la “Bolsonarización” de Brasil y ahonda en el perfil de un votante que hasta ahora parecía mantenerse en las sombras y que encontró motivos par abandonarlas.
“Bolsonaro ‘entusiasma’ porque además de presentar un discurso contra la corrupción, de mostrarse como antisistema, logra penetrar en un imaginario muy fuerte de extrema derecha del país que estaba medio guardado en el armario y que salió a luz. Es la gente que está cansada de homosexuales, de mujeres empoderadas, de indios con tierras, de afroadescendientes conquistando su espacio. Es el conservadurismo que se sintió seguro para salir a las calles y que quiere la vuelta de los militares mediante el voto. Ese aspecto es fundamental”, afirma.
Por su parte, Everton Rodrigo Santos, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad Feevale y en Universidad Luterana de Brasil (Ulbra) le agrega otros condimentos a ese simpatizante de Bolsonaro, que se agrupa principalmente en las regiones sur, sudeste y centro-oeste del país.
“Son hombres, en su mayoría, blancos, con una ligera escolaridad e ingresos, menos dependientes del Estado. Pero sobre todo, son electores resentidos, de alguna forma, porque presenciaron en estos últimos años la pérdida de su status económico y social ante las capas sociales hasta hace poco tiempo marginadas de la población, principalmente negros, gays y mujeres”, detalla.
Como una suerte de outsider, pero no tanto, Jean Pierre Noher, actor argentino que desde hace años trabaja en diversas novela de la red Globo, considera que “hay muchísima gente que se decepcionó mucho con el PT y vota más ‘en contra de’ que otra cosa. Y a pesar de tener otras opciones busca un candidato que es claramente de ultra derecha”.
Para el actor, quien dialoga con A24.com desde Río de Janeiro y se define como un hombre de izquierda, los motivos que explican la aparición de figuras tan controvertidas como Bolsonaro también están vinculados con lo que el progresismo no supo o no pudo terminar de construir cuando fue gobierno.
“En todo el mundo aparecieron las derechas y creo que gran culpa de esa aparición es de los gobiernos que son llamados populistas, que no hicieron las cosas bien o no alcanzaron a las clases medias, que son las que en general deciden las elecciones. Cuando la clase media no es muy bien tratada, es abandonada o exigida, puede girar a la derecha”, advierte.
¿Efecto USA? Dejando de lado las lógicas y notorias distancias, el modo en que Bolsonaro irrumpió en la actual campaña recuerda los rasgos de un presidente incorrecto políticamente hasta el extremo: Donald Trump. Sin embargo, esa analogía genera disparidad de opiniones en los analistas.
“Comparar a Bolsonaro con Trump es un disparate. Comparar a Estados Unidos con Brasil es no entender las características extraordinariamente propias que tienen ambos países”, asegura Castro. En la vereda de enfrente, Juremir Machado afirma sin dudar: “Tiene semejanzas con Trump, pero creo que es peor. Y eso que yo considero que Trump es muy, muy, malo. Lo que me parece es que Bolsonaro tiene, en comparación con Trump, negativamente hablando, un ADN militar”.
¿Y Argentina? Entre las distintas incógnitas que genera la chance de que Bolsonaro finalmente llegue al poder, una de ellas pasa por el vínculo que pueda mantener con los “hermanos”, como se les dice a los argentinos en aquellas tierras. Y en este punto, aunque con matices, todo indica que el trato con el primer socio comercial de Brasil se mantendrá inalterable.
“La relación no va a cambiar en nada. Lo primero que hizo Mauricio Macri cuando ganó las elecciones de 2015 fue viajar a Brasil para entrevistarse con Dilma Rousseff. El vínculo de la Argentina con Brasil no tiene un carácter ideológico ni doctrinario, sino exclusivamente político y comercial”, afirma Jorge Castro.
Juremir Machado, en tanto, encuentra un punto en común que puede acercar aún más a los países. “Bolsonaro tiene como posible ministro de Hacienda a Paulo Guedes, que es un ultraliberal. En ese sentido, podría haber un buen entendimiento con Macri”.
“Juntos vamos a cambiar el destino de Brasil. Brasil es nuestro, de las personas de bien, de los trabajadores, conservadores y cristianos, que preservan los valores familiares”.
Era el 30 de septiembre de 2018. Jair Bolsonaro, a través de un video proyectado en una pantalla gigante, arrancaba los aplausos de una multitud que copó la Avenida Paulista. Si las proyecciones finalmente se confirman, un mensaje más o menos similar probablemente se escuche el 1 de enero de 2019, cuando Brasil celebre la asunción de su nuevo presidente. No obstante, como Machado afirma en el cierre de la charla, y con un notable dejo de esperanza, “las cosas todavía no están definidas”.