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Tras 20 años, cerró una de las fábricas más importantes del sur del país

El cierre definitivo de Steelgran Componentes S.A. marca el final de una de las compañías más representativas del sector metalúrgico en el área metropolitana de Granada. Tras más de dos décadas de actividad vinculada a la transformación de acero inoxidable y la fabricación de campanas extractoras para cocinas, la empresa confirmó el cese total de sus operaciones, una decisión que deja cerca de 50 empleados sin trabajo y representa un nuevo golpe para la industria manufacturera del sur de España.

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Tras 20 años, cerró una de las fábricas más importantes del sur del país

El cierre definitivo de Steelgran Componentes S.A. marca el final de una de las compañías más representativas del sector metalúrgico en el área metropolitana de Granada. Tras más de dos décadas de actividad vinculada a la transformación de acero inoxidable y la fabricación de campanas extractoras para cocinas, la empresa confirmó el cese total de sus operaciones, una decisión que deja cerca de 50 empleados sin trabajo y representa un nuevo golpe para la industria manufacturera del sur de España.

La clausura de la planta, ubicada en el municipio de Pulianas, no solo pone fin a una trayectoria empresarial iniciada en 2005, sino que también evidencia las dificultades que atraviesa parte del tejido industrial europeo frente a los procesos de reestructuración, deslocalización y cambios en la propiedad de las grandes compañías.

Una empresa que se convirtió en un referente del sector metalúrgico

Steelgran Componentes fue constituida oficialmente el 20 de septiembre de 2005 y desde entonces desarrolló su actividad en las históricas instalaciones de la antigua Portinox, una firma ampliamente reconocida por su producción de acero inoxidable.

Durante años, la empresa se especializó en la transformación de acero inoxidable, la fabricación de componentes metálicos y, especialmente, en la producción de campanas extractoras destinadas al mercado de cocinas domésticas e industriales.

Su planta, situada sobre la Carretera de Pulianas, kilómetro 6, llegó a convertirse en uno de los principales polos industriales de la provincia de Granada, generando empleo estable y manteniendo una importante actividad económica para numerosas empresas proveedoras y servicios vinculados.

Además de la fabricación de productos metálicos, el objeto social de Steelgran incluía la producción y comercialización de muebles metálicos, piezas industriales y distintos componentes eléctricos y electrónicos destinados al sector.

Las razones detrás del cierre definitivo

Aunque durante años la empresa mantuvo una actividad sostenida, la situación comenzó a modificarse tras una serie de cambios corporativos que terminaron afectando su continuidad.

El proceso se aceleró después de la venta de la compañía por parte del grupo Teka a un conglomerado chino durante 2024, operación que implicó una reorganización de la producción a nivel internacional.

Como consecuencia de esa estrategia empresarial, se decidió trasladar gran parte de la fabricación hacia Portugal, donde el nuevo propietario concentró las operaciones industriales.

La producción en la planta granadina fue reduciéndose de manera progresiva hasta que a finales de 2025 dejaron de fabricarse nuevos productos. Meses después, en marzo de 2026, llegó la confirmación oficial del cierre definitivo de las instalaciones.

Para los trabajadores, el desenlace era una posibilidad que se venía comentando desde hacía meses, aunque la confirmación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) significó el final de cualquier esperanza de continuidad.

El ERE de extinción puso fin a la actividad

La empresa formalizó un Expediente de Regulación de Empleo de extinción, mecanismo mediante el cual quedaron afectados prácticamente todos los integrantes de la plantilla.

En total, alrededor de 50 trabajadores perdieron sus puestos de trabajo como consecuencia del cierre de la fábrica.

El procedimiento abrió una negociación entre la dirección y la representación sindical para establecer las condiciones económicas de la desvinculación laboral y minimizar el impacto social de la medida.

Las conversaciones se desarrollaron durante varias semanas y estuvieron acompañadas por la posibilidad de convocar medidas de fuerza si no se alcanzaba un acuerdo satisfactorio.

El acuerdo que evitó una huelga

Finalmente, las negociaciones concluyeron con un entendimiento entre ambas partes durante el acto de conciliación previo a una posible huelga.

El comité de empresa, encabezado por representantes de CCOO, logró cerrar un acuerdo que fue considerado favorable por la mayoría de los empleados afectados.

Uno de los puntos centrales establece que todos los trabajadores percibirán una indemnización equivalente a 45 días de salario por cada año trabajado, con un límite máximo de 42 mensualidades, respetando lo establecido por el convenio colectivo vigente.

Se trata de una mejora importante respecto de otros procesos de despido colectivo registrados recientemente en el sector industrial español.

Amplio respaldo de la plantilla

Una vez alcanzado el entendimiento, el contenido del acuerdo fue sometido a consideración de toda la plantilla.

La propuesta recibió un amplio respaldo durante la asamblea realizada para validar el pacto.

De los 46 trabajadores presentes, 43 votaron a favor, mientras que dos se manifestaron en contra y uno decidió abstenerse.

El resultado reflejó un fuerte consenso entre los empleados, quienes entendieron que el acuerdo ofrecía mayores garantías económicas frente al inevitable cierre de la planta.

Reconocimiento de la antigüedad y menos conflictos judiciales

Otro de los aspectos más valorados por los trabajadores fue el reconocimiento de la antigüedad real de determinados empleados.

Durante la negociación se revisaron distintas situaciones laborales que podían generar controversias respecto del cálculo de las indemnizaciones.

Gracias al acuerdo alcanzado, se evitó que numerosos trabajadores tuvieran que iniciar demandas judiciales para reclamar el reconocimiento de sus años efectivos de servicio.

Desde la representación sindical destacaron que esta solución permitió reducir la conflictividad y brindar mayor seguridad jurídica tanto para los empleados como para la empresa.

Asimismo, el pacto posibilitó que las últimas semanas de funcionamiento transcurrieran en un clima de normalidad, evitando movilizaciones y paros que podían complicar aún más el proceso de cierre.

Una ayuda adicional para quienes tienen mayor antigüedad

Uno de los beneficios incorporados durante la negociación fue la creación de un mecanismo especial destinado a los trabajadores con más años de permanencia en la empresa.

Aquellos empleados que acrediten al menos seis años de antigüedad podrán acceder a un plan de recolocación laboral administrado por una agencia especializada.

El objetivo es facilitar la búsqueda de nuevas oportunidades de empleo mediante programas de orientación profesional, capacitación y acompañamiento personalizado.

En caso de no optar por ese programa, los trabajadores podrán recibir un complemento extraordinario de 4.000 euros, suma que se agregará a la indemnización correspondiente.

Esta alternativa busca brindar un respaldo adicional en un contexto laboral especialmente complejo para quienes llevan muchos años desempeñándose en un mismo establecimiento.

Un futuro incierto para trabajadores de mayor edad

El cierre de Steelgran afecta especialmente a un grupo de empleados cuya reinserción laboral podría resultar más complicada.

Gran parte de la plantilla acumula más de 25 años de experiencia en las instalaciones industriales donde operó la empresa y muchos de ellos tienen alrededor de 50 años de edad.

Los representantes sindicales advirtieron que encontrar empleo dentro del sector metalúrgico no será sencillo debido a la reducción del tejido industrial en la región y a la escasez de vacantes especializadas.

Además, numerosos trabajadores desarrollaron durante décadas tareas muy específicas relacionadas con la fabricación de componentes metálicos, lo que limita las posibilidades de una rápida reubicación.

Por ese motivo, el plan de recolocación y el complemento económico fueron considerados herramientas fundamentales para amortiguar las consecuencias sociales del cierre.

La transformación del sector industrial

La desaparición de Steelgran no constituye un hecho aislado.

Durante los últimos años, numerosas empresas manufactureras europeas llevaron adelante procesos de reorganización para concentrar su producción en otros países con menores costos operativos o mayores ventajas logísticas.

Estas decisiones suelen responder a estrategias globales impulsadas por grandes grupos empresariales que buscan mejorar su competitividad en mercados internacionales cada vez más exigentes.

Sin embargo, este tipo de movimientos también genera consecuencias importantes en las economías locales, especialmente en aquellas regiones donde determinadas fábricas representan una fuente relevante de empleo.

La herencia de Portinox y las reestructuraciones

La historia de Steelgran estuvo estrechamente vinculada a las instalaciones que durante años pertenecieron a Portinox, una de las compañías más emblemáticas de Granada en la producción de acero inoxidable.

Con el paso del tiempo, las sucesivas operaciones empresariales y los cambios de propietarios modificaron la estructura industrial del complejo.

Desde hace varios años, las organizaciones sindicales ya venían alertando sobre distintos procesos de ajuste, reducción de personal y reestructuraciones que afectaban a la actividad.

Las denuncias por despidos y reorganizaciones anticipaban un escenario incierto que finalmente terminó desembocando en el cierre definitivo de la planta.

Una empresa con peso económico en Granada

De acuerdo con los registros mercantiles, Steelgran Componentes contaba con un capital social superior al millón de euros, además de niveles de facturación propios de una empresa mediana dentro del sector industrial.

Su actividad no solo generaba empleo directo, sino también un importante movimiento económico para proveedores de materias primas, empresas de transporte, servicios logísticos y talleres especializados.

La producción de campanas extractoras fabricadas en Pulianas abastecía distintos mercados y constituía una parte relevante del negocio desarrollado por la compañía durante los últimos años.

Por ese motivo, el cierre representa un impacto que trasciende a los trabajadores despedidos y alcanza también a buena parte del entramado empresarial de la zona.

Un cierre que simboliza el cambio de una etapa

La desaparición de Steelgran Componentes pone punto final a más de veinte años de actividad industrial en Granada y refleja los profundos cambios que atraviesa el sector manufacturero europeo.

Aunque el acuerdo alcanzado entre la empresa y los trabajadores permitió garantizar indemnizaciones superiores, planes de recolocación y el reconocimiento de la antigüedad, el cierre deja una fuerte preocupación por el futuro laboral de casi medio centenar de familias.

Mientras la producción continuará en Portugal bajo la estrategia definida por los nuevos propietarios, en Pulianas queda una planta que durante décadas formó parte del desarrollo económico de la región y que ahora se suma a la lista de instalaciones industriales que bajaron definitivamente sus persianas.

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