A finales de agosto, el secretario de Defensa Mark Esper fue el primer responsable estadounidense en expresarse públicamente sobre la muerte de Hamza bin Laden. Cuando le preguntaron en una entrevista si había fallecido el líder yihadista, respondió: "Eso tengo entendido". Pero se negó a dar detalles sobre lo ocurrido.
Considerado como el sucesor designado por Osama bin Laden, el fundador de la organización que perpetró los atentados del 11 de septiembre de 2001, el treintañero Hamza estaba en la lista negra estadounidense de personas acusadas de "terrorismo".
Washington había ofrecido en febrero una recompensa de hasta un millón de dólares por cualquier información sobre su paradero. Riad, en tanto, le había retirado en marzo la nacionalidad saudita al que era el decimoquinto hijo de los 20 que tuvo Osama bin Laden.