El partido se quebró con la exagerada expulsión de Marcos Rojo. En el preconcepto de Fernando Rapallini estaba aquella patada del lateral que debió ser expulsado por Loustau en el último duelo por Copa Argentina. Y esto lo condicionó definitivamente a Boca.
River fue claro dominador del partido y hasta contó con otras situaciones para estirar un resultado que termina demasiado escueto con el descuento de Zambrano sobre el final.
Siempre Gallardo encuentra soluciones que le dan una eficacia superlativa. Encontró en Julián Alvarez a un delantero implacable, que tiene una afinidad con el gol en su estado más puro.
Si bien River ya no tiene las virtudes en su circuito creativo de otro tiempo, hoy el técnico encontró en el juvenil Simón una posible solución para robustecer el ataque. El segundo gol de River es un movimiento ya registrado de los mejores River de Gallardo.
Boca fue perjudicado por la expulsión de Rojo, pero tampoco tuvo plan para jugar con uno menos. Nunca pudo defenderse con la pelota ni encontró descargas para discutir el partido con otra ambición.
La derrota lo deja a Battaglia ante la disyuntiva de afianzar definitivamente a los juveniles que han quedado relegados en estos útlimos partidos. La apuesta por Almendra y Cardona intentaba darle mejor tenencia de pelota, pero sin frescura. Con el ingreso de Zambrano, Battaglia resignó a Cardona y Almendra estuvo muy impreciso.
Y los ingresos de Medina y Rolón en el segundo tiempo apuntaron más a aguantar la desventaja de dos goles que torcer una historia ya escrita.
La foto de la fiesta en el Monumental muestra a Marcelo Gallardo con los ojos húmedos que algunos pueden interpretar como el último vals, mientras los hinchas querrán que este sueño inolvidable sea eterno.