En la guardia, los médicos confirmaron la gravedad de la lesión: un orificio de entrada de proyectil detrás de la oreja izquierda, sin orificio de salida, lo que indicaba que la bala había quedado alojada en su cráneo. El diagnóstico fue inmediato: estado crítico y pronóstico reservado.
Durante un día entero, Lautaro luchó por su vida. Agonizó mientras su familia aguardaba noticias, aferrada a una mínima esperanza. Pero el viernes por la tarde, los médicos comunicaron el desenlace que nadie quería escuchar: el joven no había resistido.
La noticia de la muerte de Lautaro corrió rápidamente por el barrio y encendió un nuevo debate sobre la inseguridad que azota a José C. Paz. Vecinos aseguran que los robos a mano armada son cada vez más frecuentes y que la presencia policial es insuficiente. “Podría haber sido cualquiera de nosotros”, expresó una mujer que vive a pocos metros del lugar del crimen.
La familia de Lautaro, aún en shock, se volcó a las redes sociales para despedirlo y reclamar justicia. Gimena, una de sus hermanas, publicó un sentido mensaje en Facebook:
“Él es Lautaro Lucero, te lo presento, lo mataron por puro desprecio a su vida, una vida llena de chistes, fútbol, buena onda y ayuda a los demás”.
Por su parte, Anahí, pareja del joven, también compartió unas emotivas palabras que reflejan el dolor de su pérdida:
“Se me llevaron a mi gran único amor de toda mi vida, a mi compañero. Hoy te tengo que decir adiós amor. Gracias por tantos años compartidos, gracias por ser el mejor marido, el mejor novio, el mejor esposo. Te voy a amar hasta el último día de mi vida. Prometimos que esto iba a ser para siempre y me toca soltarte porque te arrebataron de mi vida, no por mi decisión”.
La Fiscalía N°23 de San Martín, a cargo de la causa, ordenó peritajes en la escena del crimen y el relevamiento de cámaras de seguridad de la zona. El objetivo es identificar la moto roja utilizada por los agresores y reconstruir la ruta de escape. Hasta el momento, no hay detenidos, pero fuentes judiciales confirmaron que existen indicios que podrían conducir a los sospechosos.
Los investigadores también tomaron declaración a los hermanos de Lautaro, quienes brindaron una descripción física de los atacantes. “Eran jóvenes, no más de 25 años, y uno llevaba una campera negra con capucha”, afirmó uno de ellos.
Este crimen no es un hecho aislado. En las últimas semanas, José C. Paz ha registrado varios episodios similares, en los que motociclistas armados interceptan a peatones o automovilistas para robarles. En algunos casos, las víctimas resultaron heridas; en otros, como el de Lautaro, la violencia escaló hasta lo irreversible.
Organizaciones vecinales ya anunciaron que planean una marcha para el próximo fin de semana en reclamo de más seguridad y justicia. La movilización partirá desde la esquina donde ocurrió el asesinato y culminará frente a la municipalidad.
Lautaro era un joven trabajador, apasionado por el fútbol y muy querido en su barrio. Jugaba en un equipo amateur local y solía colaborar en actividades comunitarias. Según sus allegados, siempre estaba dispuesto a dar una mano a quien lo necesitara.
Su muerte deja un vacío inmenso no solo en su familia, sino también en quienes compartían con él el día a día. “No podemos creer que nos lo hayan quitado así, de un momento para otro, por nada”, expresó un amigo de la infancia.
La despedida de Lautaro será en una sala velatoria del barrio, donde vecinos y amigos se acercarán para acompañar a la familia. El dolor, mezclado con la impotencia, se transforma en un grito colectivo que pide respuestas. La sensación de inseguridad crece y, con ella, el miedo a que casos como este se repitan.
La familia insiste en que el caso no debe quedar en el olvido. “No queremos que Lautaro sea un número más en las estadísticas”, dijo su hermana. “Queremos que se haga justicia y que nadie más pase por lo que nosotros estamos viviendo”.