La información surgió de un trabajo de inteligencia que cruzó datos entre Brasil y Argentina, y que finalmente lo ubicó en el corazón de Buenos Aires, viviendo bajo una identidad falsa.
Pero la historia de Carvalho no es la de un simple narcotraficante. Es, según pudo saber A24.com, el cerebro detrás de una organización que dejó un tendal de sangre en el sur de Brasil. A la banda “Os Manos”, nacida en la frontera con Uruguay tras la ruptura de otra facción criminal, se le adjudican al menos 150 asesinatos, la mayoría cometidos en la ciudad de Canoas.
Además del tráfico de drogas, la estructura se expandió a través del sicariato, las extorsiones y el control violento del territorio. En 2009, una investigación bautizada como “Operación Cova Rosa” ya había desmantelado parte de su red, con 69 personas procesadas. Pero Carvalho logró escabullirse, reconstruir su poder y volver a operar desde las sombras.
En los últimos años, sus vínculos se habían estrechado con el Primeiro Comando da Capital (PCC), otra megabanda del crimen organizado brasileño. Desde esa alianza, se sospecha que coordinaban movimientos de drogas hacia Paraguay, Uruguay y también hacia la Argentina, donde incluso ya se habían detectado células en provincias fronterizas como Misiones.
El procedimiento judicial en Buenos Aires estuvo bajo la órbita del Juzgado Nacional en lo Penal de Rogatorias, a cargo del juez Alejandro Adrián Litvack, con la intervención del Juzgado Federal N° 9 y de la Fiscalía Federal del Distrito IV.
La captura se logró sin disparos, sin resistencia y con total discreción, tal como lo habían planeado.
Ahora, con Carvalho bajo custodia, se abre una etapa clave: definir si será extraditado a Brasil, donde lo espera una cadena de procesos judiciales por homicidio, narcotráfico y asociación ilícita, o si será imputado también en la Argentina, en caso de comprobarse que delinquió en territorio nacional.
Por lo pronto, su detención representa un golpe estratégico para el crimen organizado en la región. Un paso más en una batalla que sigue siendo larga, silenciosa y muchas veces invisible para quienes caminan desprevenidos por las avenidas de las grandes ciudades latinoamericanas.