"Maltrato psicológico, verbal y físico. Todos los días amenazándome con la familia", escribió la joven, en una publicación que hoy resuena como una advertencia ignorada.
En su descargo, también expuso las agresiones emocionales que sufría tras la separación: "Desde que nos separamos me manda videos cogiendo con pibas. Estás re mal chabón. Me cansaste. Tranqui que con la merca se regala cualquiera", expresó con desesperación.
Este testimonio, que en su momento pudo parecer solo un desahogo en redes, hoy es la prueba del círculo de violencia en el que estaba atrapada y de la ausencia de una respuesta efectiva para protegerla.
Luego de conocerse el asesinato, Juana Sosa, prima de la víctima, compartió su indignación en redes sociales. "Ella avisó en sus historias cómo era él", afirmó, apuntando directamente a la falta de reacción de las autoridades y de su entorno.
Su enojo reflejó un cuestionamiento generalizado: "¿Tuvieron que esperar a que la mate para salir a hacer las cosas de la manera correcta?".
Este tipo de reclamos no es nuevo. En muchos casos de violencia de género, las víctimas denuncian o dejan señales claras de lo que están atravesando, pero la respuesta del sistema suele ser tardía o insuficiente.
El grito de justicia de la familia
La familia de Giovana también se sumó al pedido de justicia, expresando su dolor e impotencia en redes sociales. "¿Cuántas señales más hay que dar antes de que nos maten?", escribieron en un mensaje que refleja el hartazgo de muchas víctimas de violencia de género.
La bronca de sus seres queridos se intensifica al recordar que Giovana ya había expuesto a su agresor públicamente. Sin embargo, no hubo una intervención que evitara lo peor.
"Hace poco escrachó al pibe por lo que era, y se quedaron sin hacer nada. Hoy en la madrugada apareció asesinada", señalaron con dolor.
Este caso no solo deja al descubierto la brutalidad de la violencia de género, sino también la falta de reacción ante las advertencias de las propias víctimas.
Un problema que se repite
El asesinato de Giovana Sosa se suma a una larga lista de femicidios en Argentina. Según datos de organizaciones especializadas, en el país ocurre un femicidio cada 35 horas.
Muchos de estos crímenes tienen algo en común: las víctimas habían denunciado o dado señales de peligro antes de ser asesinadas. Sin embargo, el sistema judicial y policial sigue fallando en su respuesta.