Si bien ese dispositivo no pudo ser aún encontrado, muchos de esos mensajes y audios fueron difundidos a través de medios de prensa, lo que llevó a que el fiscal 5 de Lomas de Zamora a cargo de la causa, Marcelo Domínguez, decidiera incorporarlos al expediente para analizarlos como evidencia.
En base a ellos, en las últimas horas se presentaron a declarar en la fiscalía dos personas que aparecen en los audios y textos: un supuesto barra de Boca Gustavo Iglesias y su hijo Nazareno, a quien según se desprende de los mensajes el empresario le debía alrededor de 70.000 dólares.
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"Yo no te voy a matar, te voy a hacer algo peor, te voy a sacar los ojos y cortar las manos para que no puedas contar más en tu vida plata, por juro por mis hijos que no tengo ningún problema por ir preso", es una de las amenazas dichas por Iglesias, quien él mismo admitió ante la justicia haber proferido.
De esos audios y textos también surgió los conflictos que Pérez Algaba mantenía con otras personas, entre ellas con un examigo llamado Nahuel Vargas, a quien también le debía dinero y quien había denunciado al empresario por amenazas en febrero pasado.
De acuerdo a la información suministrada por los voceros a la agencia Télam, el hecho que originó la denuncia de Vargas ocurrió cerca de las 21 del 13 de febrero pasado en Los Indios al 2400, de Castelar, partido de Morón, cuando se encontraba en la puerta de su casa junto a un amigo y llegó al lugar Pérez Algaba, quien le gritó varias veces "te tiro".
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Según el denunciante, ante ello él corrió hacia la calle Villanueva y escucho una fuerte explosión. Al regresar a la puerta de su vivienda, contó que observó su camioneta Toyota Hilux blanca con la luneta trasera dañada y en el interior con rastros de vidrios y restos de piedras.
Vargas detalló en su exposición que Pérez Algaba era su examigo y que tenía "miedo" de lo que pudiera hacerle, ya que no era la primera vez que se le aparecía. También manifestó temor de que le sucediera algo a su madre, que vive con él.
Los voceros agregaron que esa no es la única denuncia que pesaba contra el empresario ahora asesinado, ya que tenía otra causa que tramitaba ante el Juzgado Federal 2 de Morón.
Qué pasó con bulldog francés del empresario, llamado Kupper
Finalmente, otro faltante que desvela a los pesquisas, es el perro de la víctima, un bulldog francés color beige, llamado Kupper, de quien la víctima no se separaba.
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Incluso, según las fuentes, en el último domicilio que alquiló temporalmente el empresario en la calle Olazábal al 1600 de Ituzaingó, se halló, junto a sus dos notebooks, un certificado de su psiquiatra en el que se consigna que presentaba un cuadro depresivo y de ansiedad y le aconsejaba que viajara con su perro.
La mascota no fue vuelta a ver en la zona del domicilio ni se detectaron rastros suyos por el momento, por lo que es otro punto de interés para conocer los últimos movimientos de la víctima, según dijeron los investigadores consultados.