Tras el funeral, Smith admitió el homicidio. El juicio tuvo lugar en agosto de 1994. La pegunta que todos se hacían era por qué lo había matado. El jurado escuchó que cuando era un niño, Smith tenía rabietas y más de una vez se golpeó la cabeza contra el suelo. Nació con problemas del habla y en la escuela lo acosaban sin descanso. Cuando pidió ayuda ante el bullying que sufría, sus padres no supieron contenerlo.
Durante el proceso legal, un psiquiatra llamado Stephen Herman diagnosticó a Smith con un trastorno explosivo intermitente, una rabia incontrolable. "Rabia y enfado literalmente mortales", puntualizó. Fue juzgado a los 14 años como un adulto según las leyes de Nueva York.
Smith describió en 2002 el dolor que soportó a manos de los matones: “Después de varios años de abuso verbal apagué mis sentimientos", dijo, y agregó: "Empecé a creer que no era nada y mi perspectiva de la vida era oscura. Sentí que cuando iba a la escuela, me iba al infierno porque eso era lo que era para mí".
Mientras estaba en la cárcel, escribió una carta de disculpa a la familia de Robie, que leyó en televisión: "Sé que mis acciones han causado una pérdida terrible en la familia Robie, y por eso, lo siento mucho. He tratado de pensar lo más posible en lo que Derrick nunca experimentará: su decimosexto cumpleaños, Navidad, en cualquier momento, tener su propia casa, graduarme, ir a la universidad, casarse, su primer hijo”, relató. “Si pudiera retroceder en el tiempo, cambiaría de lugar con Derrick y soportaría el dolor que le he causado”, agregó.