Las primeras alertas surgieron incluso antes de zarpar. Según los organizadores del tour, el motor de la lancha tenía fallas, lo que retrasó la salida. Después de una breve espera, les informaron que la nave estaba lista y que podían abordar nuevamente. Nadie imaginó que en minutos, la embarcación se rompería en medio del mar.
"Mi esposa iba rezando desde que zarpamos"
Lo que debía ser un tranquilo paseo de 40 minutos por aguas cristalinas del Caribe, se convirtió en una lucha contra la fuerza de la naturaleza. Las olas golpeaban con violencia la lancha, lo que hizo que muchos pasajeros comenzaran a preocuparse.
“Iban a ser 40 minutos, pero la marea estaba muy fuerte. La lancha iba rompiendo olas, como si le costara avanzar. Mi esposa ya iba rezando desde que zarpamos, tapándose la cara con una toalla porque tenía mucho miedo; y encima ella no sabe nadar”, relató José.
El temor se transformó en terror absoluto cuando ocurrió lo impensado.
"Vi con mis propios ojos cómo la nariz del bote se partió en dos"
“De repente, en uno de esos impactos, vi con mis propios ojos el momento en que la nariz del bote se partió en dos”, narró José con la voz aún estremecida.
El caos se apoderó de todos los pasajeros. “Ahí cada uno empezó a agarrar cosas para flotar. Kathia tenía chaleco, pero igual le costaba mantenerse a flote, y se agarraba de mí, que sí sé nadar”, explicó el hombre.
Pero el pánico no solo se debía a la lucha contra el mar, sino también al miedo de lo que podía haber bajo la superficie.
El miedo a los tiburones y la desesperación en el agua
Flotar en aguas abiertas ya era una pesadilla, pero la angustia aumentó con otro temor latente: la presencia de tiburones.
“Todo el mundo hacía promesas a Dios y esperaba la tragedia. Teníamos miedo de que nos comiera un tiburón”, confesó Kathia.
La situación era aún más crítica porque había dos mujeres embarazadas a bordo, además de personas que estaban vomitando, acalambradas y completamente agotadas por el esfuerzo de mantenerse a flote.
El rescate y el alivio final
Tras varios minutos de incertidumbre, otras embarcaciones llegaron al lugar para rescatar a los turistas. Uno a uno fueron subidos a bordo y trasladados a tierra firme.
Aunque físicamente salieron ilesos, la experiencia dejó huellas imborrables en cada uno de ellos. La pareja paraguaya, que había comenzado su viaje con la ilusión de una luna de miel perfecta, terminó enfrentando uno de los momentos más aterradores de sus vidas.
“Todavía no podemos creer que estamos vivos”, confesaron en sus redes sociales, agradeciendo la ayuda de los rescatistas y el apoyo que recibieron tras el accidente.
Este naufragio dejó en evidencia los riesgos de algunas excursiones turísticas y la importancia de garantizar la seguridad en este tipo de travesías marítimas.