Su abuelo, Emilio Virreira, había contado que los hermanos tenían una oportunidad para probarse en un club de Comodoro Rivadavia. Para concretar ese viaje, la familia buscaba reunir el dinero necesario y acompañarlos en el camino hacia una posible experiencia deportiva.
“Tenían una propuesta de Comodoro para poder ir a hacer su prueba”, había explicado el hombre al referirse a la oportunidad que tenían por delante.
El fútbol ocupaba un lugar central en la vida cotidiana de los chicos. “En el club Talleres están más tiempo, es como la escuela”, había señalado su abuelo, al describir el vínculo que mantenían con la institución.
La posibilidad de dar un nuevo paso en sus carreras era una ilusión compartida por la familia, que alentaba a ambos hermanos a continuar con su formación deportiva.
La tragedia en el río Gallegos y los días de búsqueda
Leo y José desaparecieron el domingo mientras jugaban en el río Gallegos, a la altura de La Toma, en la zona de Palermo Aike. En esas circunstancias, la corriente los arrastró y se inició un operativo para intentar localizarlos.
La búsqueda involucró a distintas fuerzas y equipos especializados, entre ellos efectivos policiales, bomberos, personal de Prefectura y Gendarmería, además de buzos y equipos con drones. Las condiciones del agua, la fuerza de la corriente y las bajas temperaturas dificultaron las tareas.
El jueves, las autoridades de Santa Cruz confirmaron el hallazgo de uno de los cuerpos, que había sido divisado desde un helicóptero durante los rastrillajes aéreos. Horas después, los equipos encontraron al otro hermano cerca de un puente.
Durante la búsqueda, el abuelo de los chicos había expresado la angustia de la familia y la dificultad de atravesar una situación semejante. “No hay palabras, no hay un consuelo”, había dicho.