A su vez, Javier agregó: “Lo buscamos por todos lados”, dijo en medio de la congoja que le provocó el hallazgo de los restos de Diego: “Sabíamos que había un testigo que lo vio en el colectivo, pero no teníamos más información. La fiscalía nos dijo que siempre vivió esa familia y la dueña tiene 90 años y todavía está ahí”.
“Estamos mal, mi papá murió buscándolo”, dijo el hermano del joven asesinado en la casa de al lado donde vivía Gustavo Cerati, “Eran a 15 cuadras de mi casa donde pasaron los hechos. La última foto de mi hermano con la remera naranja tenía el reloj que apareció bajo tierra”.
“Mi sobrino Felipe me contó el hallazgo, estoy triste, lloro mucho, pero queremos saber qué pasó. Tenemos mucho dolor, por lo menos tenemos los restos y podemos despedirlo y hacer justicia”.
Paso a paso, qué pasó desde el hallazgo del cuerpo
Puntualmente, el cadáver de Diego apareció enterrado en una fosa pequeña, ubicada en la medianera que divide dos propiedades sobre avenida Congreso al 3700. El tamaño reducido de ese pozo -aproximadamente, medía 1,20 metros de largo, 60 centímetros de ancho y 40 de profundidad- llevó a los investigadores a pensar que el entierro se hizo en poco tiempo, sin mayores herramientas.
Tras la denuncia por parte del arquitecto a cargo de la obra, la Policía de la Ciudad intervino en el lugar, al tiempo que comenzaron las tareas forenses y el relevamiento de objetos personales hallados junto al cuerpo, bajo la supervisión de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Nº61 que conduce el fiscal Martín López Perrando.
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Un reloj Casio CA-90 con calculadora similar al que apareció al lado del cuerpo de Diego.
En la zona del descubrimiento se ubicaba la casona que tuvo un pasado extenso y variado. En distintos momentos, el lugar funcionó como vivienda familiar, geriátrico y hasta iglesia. La propiedad también fue habitada por la artista plástica Marina Olmi, hermana del actor Boy Olmi.
La artista había comprado la casa a los descendientes de una mujer alemana, Olga Schuddekopf, y durante años el inmueble albergó a distintas figuras de la cultura porteña. Uno de ellos fue Gustavo Cerati, quien la alquiló entre 2001 y 2003, cuando la dueña se encontraba residiendo en España. Lo mismo sucedió con Hilda Lizarazu y Tito Losavio, amigos personales de Marina.
La estructura tenía una arquitectura particular: dos viviendas, una principal al frente y otra detrás, un jardín amplio, una piscina y espacios de trabajo artístico. El domicilio quedó demolido hace algunos meses y solo permanecen recuerdos de las diferentes etapas que atravesó el edificio.