Fue una jugada maestra que no terminó de salir como se esperaba. En el nuevo juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, el neurocirujano Leopoldo Luque decidió reinventarse frente a las mismas cámaras que antes evitaba.
Durante el primer juicio, anulado tras un escándalo institucional, la estrategia del neurocirujano y su entorno había sido defensiva. Ahora, eligió otra postura mediática.
Fue una jugada maestra que no terminó de salir como se esperaba. En el nuevo juicio por la muerte de Diego Armando Maradona, el neurocirujano Leopoldo Luque decidió reinventarse frente a las mismas cámaras que antes evitaba.
Si en 2025 su figura se deslizaba incómoda por los pasillos judiciales, entre declaraciones esquivas y gestos de fastidio, en 2026 eligió otro registro: exposición total, protagonismo y una narrativa cuidadosamente construida.
Durante el primer juicio, anulado tras un escándalo institucional, la estrategia de Luque y su entorno había sido defensiva en su forma más clásica: bajo perfil, intervenciones medidas y un claro intento de evitar la sobreexposición mediática en un caso atravesado por una fuerte sensibilidad pública. Incluso llegó a ofuscarse con la prensa que lo abordaba en las escalinatas de los tribunales.
Pero el reinicio del proceso en San Isidro mostró a otro Luque. Según reconstrucciones de las primeras audiencias, el médico ya no se oculta: asiste a cada jornada, interviene activamente y decidió responder “a cada afirmación que considere falsa”.
No es un detalle menor. En una causa donde la acusación busca instalar la idea de abandono médico, el silencio dejó de ser una opción táctica. Según pudo saber A24.com, la defensa de Luque apunta a desarrollar “la construcción de un personaje”.
Por eso, el cambio más visible no está tanto en lo que dice como en cómo se muestra. Luque llega ahora al tribunal acompañado por un equipo renovado de abogados —entre ellos, Francisco Oneto y Roberto Rallín—, en uno de los movimientos más significativos de esta segunda etapa. La incorporación no solo aporta músculo técnico: introduce una lógica distinta de litigio, más agresiva y menos previsible.
Pero hay algo más. La puesta en escena quedó en evidencia desde las primeras jornadas del juicio. Testigos del proceso describen una entrada deliberadamente llamativa: el médico aparece cargando una valija, un libro de medicina y una serie de documentos que exhibe como respaldo de su accionar clínico.
No es un gesto inocente. Es, en términos comunicacionales, una operación de sentido: transformar al imputado en profesional, al acusado en especialista, al señalado en alguien que “tiene con qué defenderse”. La escena parece pensada tanto para las cámaras como para los jueces.
“El nuevo enfoque también redefine su rol dentro del juicio”, confiaron a A24.com fuentes cercanas a la defensa.
Está claro que Luque busca convertirse en un actor central del proceso. La decisión de declarar las veces que sea necesario y de confrontar directamente las acusaciones rompe con la pasividad habitual de muchos imputados en causas penales complejas.
Ese corrimiento coincide, además, con un contexto que también cambió: en el inicio del nuevo juicio, las defensas lograron mayor protagonismo y se mostraron más cómodas que en 2025, incluso frente a fiscales que habían impactado con fuerza en el proceso anterior.