La difusión masiva de las imágenes de las menores fue determinante. El miércoles anterior, la fiscalía activó la Alerta Sofía, un sistema nacional diseñado para casos de desaparición de menores, que permitió que el rostro de Ludmila y Alejandra se replicara en portales de noticias, televisión y redes sociales.
La medida no sólo visibilizó el caso a nivel nacional, sino que aceleró el despliegue de fuerzas de seguridad. En las 48 horas posteriores a la alerta, se intensificaron los rastrillajes en descampados, estaciones de tren, zonas de tránsito habitual y otros puntos estratégicos de Moreno.
Gabriela, madre biológica de Ludmila y referente afectiva de Alejandra, vivió cinco días de angustia extrema. Desde el sábado por la tarde, cuando ambas adolescentes salieron rumbo a la plaza, no volvió a saber de ellas. El último mensaje fue una frase tierna que todavía resuena en su memoria:
Eran las 14:20 del sábado cuando las chicas salieron de su casa. Tenían permiso para volver antes de las 19:30, pero la ausencia de contacto encendió las alarmas. Según contó Gabriela en diversas entrevistas, no había indicios previos de que algo estuviera mal.
“Salieron felices, incluso me mandaron un video riéndose”, relató entre lágrimas a Luis Novaresio en A24. “No hubo peleas, no estaban tristes. No entiendo qué pudo haber pasado. Fue como si se las hubiera tragado la tierra.”
Desde el momento de la desaparición, la familia activó una intensa campaña de búsqueda, tanto en redes como en medios locales. La denuncia fue radicada de inmediato, y la fiscalía comenzó a tomar testimonios para reconstruir el recorrido de las jóvenes.
Las cámaras de seguridad de la estación de tren de Moreno captaron a las chicas cerca de las 21:30 del sábado, pero no se registraron más imágenes ni rastros posteriores. El celular de una de ellas mostró actividad esa misma noche, pero no hubo contactos con la familia.
“Ese mensaje no fue para nosotros. Desde entonces, todo se volvió silencio”, contó Gabriela. “No sabemos si se perdieron, si se fueron por su cuenta o si alguien las retuvo. Estábamos desesperados.”
Ludmila, de 13 años, nunca había protagonizado una fuga ni se había ausentado sin avisar, según confirmaron familiares y allegados. Pero el caso de Alejandra, de 17, tenía otra complejidad.
“Ella está con nosotros desde abril. Es hija de la madrina de mi hija, la conozco desde siempre. Legalmente tengo su guarda”, explicó Gabriela. La adolescente había pasado por distintos hogares, y tenía antecedentes de ausencias o escapadas breves. Sin embargo, nunca se había ausentado tanto tiempo ni sin dar señales.
Esto generó una doble preocupación: ¿Fue Alejandra quien incentivó la salida prolongada? ¿Fue una fuga planificada o algo imprevisto? La fiscalía no descarta ninguna hipótesis y continuará investigando qué sucedió durante los cinco días en los que estuvieron desaparecidas.
El hallazgo en pleno centro de Moreno reforzó una teoría que la fiscalía manejaba desde el principio: que las adolescentes nunca abandonaron el distrito. Si bien habían sido vistas en la estación, no existían pruebas de que hubieran abordado un tren o se dirigieran a otro partido.
“Creemos que se quedaron en la zona, posiblemente en situación de calle o refugiadas por alguien”, indicaron fuentes del caso. Las próximas horas serán clave para determinar si estuvieron solas, si recibieron ayuda de terceros, o si hubo un intento de ocultamiento.
El reencuentro fue, según testigos, emotivo y desgarrador. Gabriela, que durante cinco días habló con medios y compartió posteos en redes pidiendo colaboración, se quebró al ver a sus hijas con vida.
“Están bien, están vivas. Eso es todo lo que importa”, dijo brevemente a los periodistas a las puertas de la comisaría. Aún con la voz quebrada por el llanto, agradeció el trabajo de la policía, de los vecinos y de los medios que difundieron el caso.