Matanza de estudiantes

Masacre de Carmen de Patagones: ecos de la trágica historia y cómo vive hoy el asesino

El 28 de septiembre de 2004 sucedió la primera masacre escolar en América Latina. Ese día, Rafael "Juniors" Solich entró armado a la escuela y disparó a sangre fría contra sus compañeros.
Marcos Marini Rivera
por Marcos Marini Rivera |
El día del sepelio de las víctimas convocó a toda la ciudad de Carmen de Patagones. (Foto: Télam) 

El día del sepelio de las víctimas convocó a toda la ciudad de Carmen de Patagones. (Foto: Télam) 

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El martes 28 de septiembre de 2004 hacía frío en Carmen de Patagones. Rafael "Juniors" Solich entraba armado a la escuela y disparaba contra sus compañeros. El tirador de la masacre tiene hoy 33 años y poco se sabe de él. Bienvenidos a una historia sobre la injusticia.

La ciudad más austral de la Provincia de Buenos Aires tiene actualmente 35.000 habitantes y es un lugar tranquilo. Sin embargo, allí el nombre más famoso es el de Rafael "Juniors" Solich. El mismo que en segundos no dudó en vaciar el cargador completo de la pistola Browning 9 milímetros de su padre, un suboficial de Prefectura Naval Argentina.

Lo hizo dentro del aula. De inmediato, la noticia paralizaba al país al confirmarse de que había matado a tres de sus compañeros del primer año de la secundaria. Intentar explicar quien es Juniors es muy fácil: es un asesino. Entender su mente es algo mucho más complejo. El arte de matar por placer.

Los fallecidos de esa masacre fueron: Sandra Nuñez, Evangelina Miranda y Federico Ponce. Mientras que Nicolás Leonardi, Natalia Salomón, Cintia Casasola, Pablo Saldías y Rodrigo Torres sufrieron heridas considerables. Todos tenían 15 años, como Juniors en ese momento.

La masacre de Carmen de Patagones: cómo vive hoy el asesino

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Una de las pocas fotos que se conocen del asesino de la masacre de Carmen de Patagones: Rafael Juniors Solich. (Foto: Revista Gente)

Una de las pocas fotos que se conocen del asesino de la masacre de Carmen de Patagones: Rafael Juniors Solich. (Foto: Revista Gente)

Fueron 13 tiros en total. De ellos, 11 dieron contra sus compañeros. Una falla en el mecanismo de la pistola le impidió continuar disparando a mansalva. En Carmen de Patagones todo es dolor y todo es tristeza cuando llega un nuevo aniversario de la masacre. La herida aún permanece abierta y la tragedia está latente en sus habitantes.

Después de matar, Juniors se escapó del aula. Un compañero lo corrió y le quitó el arma. Pero el daño ya estaba hecho para siempre.

Video: 18 años de la Masacre de Patagones

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Con el tiempo, Juniors fue declarado inimputablepor la jueza de Menores de Bahía Blanca, Alicia Ramallo. Primero fue llevado a un instituto de menores en La Plata donde convivió con otros adolescentes y luego fue trasladado a un instituto psiquiátrico. Mientras que su padre, Rafael Solich, fue condenado solamente a 45 días de cárcel por negligencia al dejar su arma al alcance de un menor.

“Lo más sensato que podemos hacer los seres humanos es suicidarnos”, escribió un día Juniors en el pupitre de la escuela. “Me gusta la sangre”, decía en una de las cartas que encontraron los investigadores de la masacre.

La masacre de Carmen de Patagones: el horror en el aula

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La mañana del fatídico 28 de septiembre los alumnos se formaron en el patio. Era el ritual que hacían todos los días de su vida. Izaron la bandera y fueron a las aulas. Era el comienzo de una nueva jornada escolar. Fue el día que muchos perdieron para siempre una mirada inocente.

El estudiante Rafael Solich, de 15 años, alumno del Instituto Islas Malvinas utilizó el arma de su padre para disparar contra sus compañeros. El reloj marcaba las 7.35 y la masacre estaba a punto de suceder. Solo Juniors lo sabía. Cuando el asesino entró al colegio que concurrían unos 400 estudiantes, ya sabía lo que iba a hacer. Escondió la pistola Browning, otros dos cargadores y un cuchillo de caza en una campera militar.

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Evangelina, Federico y Sandra, las tres víctimas fatales de la masacre de Carmen de Patagones. (Foto: Télam)

Evangelina, Federico y Sandra, las tres víctimas fatales de la masacre de Carmen de Patagones. (Foto: Télam)

En el aula del 1º B, Juniors se puso frente al pizarrón, tomó la pistola, la disparó y descargó contra sus compañeros sin intermediar palabras. Cuando vació el cargador, salió del aula. No conforme, fue por más: colocó un segundo cargador e hizo un nuevo disparo, esta vez hacia el kiosquero de la escuela quien se salvó de milagro.

Como si nada, siguió su camino por el pasillo principal de la escuela hasta que Dante Pena, uno de sus compañeros de aula y amigo, se le abalanzó y logró quitársela. Juniors jamás se resistió, fue arrestado y trasladado a Bahía Blanca. La tragedia tiene la distinción de ser la primera masacre escolar que cometió un alumno con un arma de fuego registrada en América Latina.

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