Es jueves 4 de mayo y el celular de Matías Bagnato suena y suena. Ahora mismo, preguntarle por la tragedia es volver a llevarlo a él al peor momento de su vida. Por eso a Matías simplemente se lo escucha y que él hable de lo que tenga ganas.
Es jueves 4 de mayo y el celular de Matías Bagnato suena y suena. Ahora mismo, preguntarle por la tragedia es volver a llevarlo a él al peor momento de su vida. Por eso a Matías simplemente se lo escucha y que él hable de lo que tenga ganas.
Fructuoso Álvarez González, el autor material de la denominada "Masacre de Flores", murió este domingo en el hospital de la cárcel de Ezeiza, donde se recuperaba de una operación en la cadera.
Matías fue el único sobreviviente del incendio en el que murió toda su familia. Era el 17 de febrero de 1994. Y nada volvió a ser como antes.
Desde los 16 años que Matías habla con los medios de comunicación de lo que le pasó. Dice y repite que el periodismo lo acompañó siempre.
"Si no me hubiesen acompañado en estos años, yo no estaría hablando con vos ahora. Porque este hijo de puta nos habría matado a mí y a mí abuela apenas estuvo libre. A mí me salvaron los medios de comunicación y eso es una realidad. Solo tengo palabras de agradecimiento por cómo me cuidaron y me protegieron", confiesa a A24.com.
Las heridas personales fueron largas y profundas. Matías renació en una nueva vida llena de miedo. Para él, la búsqueda es constante. "Lo que me pasa es que estoy como cayendo todavía. Fueron todas las sensaciones juntas. Sentir paz y una emoción terrible de ver tanta repercusión".
Desde este domingo que Matías vive una nueva vida. "Me superó por completo. Vi felicidad en gente que no conozco y eso me llenó el alma. El sacarme el miedo que siempre me acompañó".
"Creéme por mi familia que yo no daba más. Sentí que ya no resistía más. Ya no aguantaba vivir de esta forma. Me costaba levantarme a la mañana. Me llamaban del juzgado. Son 29 años de vivir esto. Cada vez que me derrumbaba era mirarla a la abuela para que me diera fuerza. Imagínate que estando preso este hijo de puta era muy limitada nuestra vida, imagínate con él afuera".
Entre tantos recuerdos que habita en su cabeza, agrega algo de todo el horror vivido: "Llegaron a decirme que me tenía que mudar, que me tenían que poner en un lugar como escondido. Son situaciones que no te entran en la cabeza. Fue espantoso y cuando la abuela se murió cada día era mas difícil mantener esa templanza, de mantener la fuerza. Para mí no había una solución. Es horrible decirlo, pero yo sé que el día que él no esté más iba a vivir tranquilo".
—¿Cómo es tu día a día?
—Todavía es como que estoy en una pausa. Me falta tener reuniones con gente del Ministerio de Justicia. Todavía no tuve una reunión formal. Ellos me dijeron que me daban unos días para que esté tranquilo en casa. Procesar todo esto... Pensá que yo hasta el domingo estaba con custodia. Todavía no salí a la calle.
—¿Cuándo apoyás la cabeza en la almohada qué se te viene a la mente?
—Todavía no me junté con nadie. El celu recién lo pude prender ayer. Estoy como tratando de ir respondiendo los mensajes desde el 30 de abril en adelante. A su vez también miro el tema de las redes.
Matías dice que siempre quiso agradecer el acompañamiento, el nunca haberlo dejado solo.
—Yo siempre quise hacer un vivo en Instagram y no me dejaban hacerlo por un tema de que no salga el lugar en el que vivo, por el tema de la seguridad. Yo estaba muy limitado a un montón de cosas que ahora no. La verdad que hacer un vivo en Instagram es una boludez, pero para mí era imposible.
Entre tantas cosas que cuenta Matías dice que "ahora puedo contar que estoy en pareja".
Todo eso forma parte de su nueva vida.
"Voy descubriendo día a día. Hace un rato hablaba con una amiga y le decía que sin darme cuenta sigo pidiendo permiso a todo. Me tengo que acostumbrar a que no tengo que pedir permiso ya. Puedo hacer una vida normal. Será un proceso porque yo no conozco otra vida que no sea esa".
Matías dejó atrás "el pánico de no poder nunca hacer una vida normal". Toma aire y continúa con su relato: "Hice muchos años terapia, la verdad que mi terapeuta me dijo que lo tenía muy en claro todo. Lo que es referente a la causa y el duelo me dijo que lo llevaba más que bien. Cada tanto hablo con ella cuando estoy muy desbordado".
—¿Dónde estabas el domingo cuando te enteraste de la muerte de Fructuoso Álvarez González?
—Estábamos por comer, fue justo al mediodía. Me llega un mensaje de Claudia Peiró de Infobae. Imagínate que se me hizo un nudo en la panza. Fue pensar en la abuela. En algún punto fue como estar esperando la muerte de alguien, por más que era el hijo de puta más grande del mundo, pero para mí es raro.
"Estar esperando esto es raro", repite.
Este domingo, Matías apoyo el teléfono en la mesa pero de repente le empezó a sonar sin parar. Del otro lado estaba la voz de Juan Martín Mena (viceministro de Justicia).
"Cuando vi que me llamaba él dije 'ya está', se terminó".
Y Matías empezó a gritar.
—¿Cómo es vivir ahora sin miedo?
—No lo puedo creer, necesito poder salir solo a la calle. En una de esas me dicen que tengo que estar un tiempo más con custodia. La verdad que no lo sé.
—¿Qué planificás en el futuro inmediato?
—Hay un compromiso que va más allá de todo. Yo quiero seguir ayudando a las víctimas. Se me está haciendo muy difícil porque sufría mucho por no poder estar con ellos como lo venía haciendo siempre. Desde que murió la abuela y querer ayudar a otras personas cuando uno no está bien es muy difícil. Me costaba muchísimo. Me desbordaba todo.
Matías conoce su relato de memoria. Ahora no se acostumbra que ya no es más sobre el pasado, el presente se apodera y visualiza mejor el futuro. Confiesa que desde el lunes empezó a recibió llamadas y propuestas. "Desde hacer un libro, series, documentales, son cosas que muchas veces me han propuesto y yo no quería saber absolutamente nada".
Matías ahora se detuvo a pensar de nuevo en él. Esta vez sobre el futuro.
Está motivado, tranquilo y en paz. Sabe que es una historia de película todo lo que vivió. Y hay historias que merecen quedar plasmadas para siempre.
"Tengo como todas cosas tiradas en la cabeza y quiero ver cómo empiezo a vivir esta nueva vida. Lo siento como que es muy pronto y que estoy cayendo de a poco. Ahora estoy hablando con vos y quizá en un momento me largo a llorar de la nada. Estoy sacando toda la mierda que tenía adentro", dice en voz baja.
Y confiesa: "Yo engordé mucho estos últimos 10 años y eso me generó un montón de problemas. Más allá de lo estético hay un problema de salud. De tener mucho dolor de espalda, de rodillas, la angustia y la mala sangre también el cuerpo te pasa factura. Obviamente el encierro y no poder hacer una vida normal. Te imaginás que la gran mayoría del tiempo era estar acá en casa encerrado. Cuanto menos estaba en la calle mejor. Ni hablar de salir de noche, para mí era casi imposible te diría el último tiempo".