Susana era diabética y necesitaba inyectarse insulina cada día. A causa de la enfermedad, muchos afirmaron que era una persona “especialmente vulnerable” y que en ocasiones dependía de otras personas para que la ayudaran. Mariano sabía muy bien toda esa información.
La noche del horror
La noche del 17 de junio de 2019 ella le pidió ayuda. La víctima realizó cuatro llamadas a su pareja. “Estoy fatal, estoy muy mal, no sé a quien llamar, cariño. Me mareo, me duele todo. Ayúdame, por favor, tráeme medicamentos. No puedo ni hablar”, fue uno de los audios que le envió la mujer.
Mariano llegó a la casa a las 22:45. Susana no podía respirar y requería atención médica de inmediato. Mariano no llamó a emergencias. ¿Cuál fue su accionar? Decidió grabar su agonía con el celular. En una de las imágenes que se difundieron en el caso, ya había pasado una hora desde su llegada al domicilio y se observa que Susana ya no podía moverse y tenía muchas dificultades para articular palabras.
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El bar donde trabajaba Susana en Barcelona.
Fueron más de 15 videos los que grabó el hombre. Uno fue a las 3 de mañana, en el que la víctima dice: “Ambulancia, me muero”. En ninguna del total de 15 grabaciones que él mismo efectuó, ayudó a la mujer. Susana murió esa madrugada de hipoglucemia. Su muerte se hubiese evitado si Mariano hubiese alertado a emergencias. Así lo certificaron los servicios sanitarios y el tribunal del jurado.
Durante esas cuatro horas, la grabó agonizando. Incluso fingió prestarle ayuda, burlándose de ella. De hecho, la víctima le suplicó una gaseosa para poder elevar su valores de glucemia. Pero Mariano no hizo nada.
Por ese motivo, la Audiencia de Barcelona impuso al acusado la máxima pena, prisión permanente revisable, al considerarlo autor de un asesinato con enseñamiento.
El juicio
La sentencia fue el 29 de marzo. El magistrado Joaquín Uría señaló que la muerte de la víctima no se hubiese producido si Mariano hubiese pedido auxilio a emergencias. “Si no hizo nada para ayudarla fue porque quería que muriese, o porque preveía que podía pasar y le daba igual”.
“Susana rechazó mi ayuda”, fue el argumento de Mariano.
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La víctima, Susana Cortés, tenía 42 años.
Se llegó a la conclusión de que el hombre cometió un asesinato con enseñamiento por la vulnerabilidad de la víctima, debido a su enfermedad. Grabar su agonía es una prueba incriminatoria contra el acusado. Era consciente de su extrema gravedad y de la enfermedad que sufría.
Para sustentar el enseñamiento, el magistrado aludió a la actitud burlesca del acusado, que inmortalizó en sus vídeos. "Actos especialmente vejatorios, de quien le debía respeto por la relación que mantenían, y que incrementaron su sufrimiento de manera cruel e innecesaria".
El magistrado condenó al argentino que hoy tiene 52 años a cadena perpetua, 25 años de cárcel hasta que pueda revisarse su fallo. También se le prohibió el acercamiento a menos de 1.000 metros de tres familiares directos de Susana. Esa inhibición perdurará al menos 10 años después de que Vásquez cumpla su condena en prisión.