Una vez reducido, el atacante le quitó la mochila, lo revisó y lo amenazó en busca de más pertenencias. Pero no se detuvo allí: lo obligó a sacarse el buzo que llevaba puesto, pese a las bajas temperaturas de esa hora.
El robo fue extremadamente rápido: duró apenas 25 segundos, tiempo suficiente para dejar al menor en estado de shock.
Tras concretar el asalto, el delincuente escapó corriendo, incluso llevándose por delante un canasto de basura en la huida.
La desesperación del nene y la reacción de los vecinos
Luego del ataque, el chico quedó arrodillado en la calle, visiblemente conmocionado, tomándose el rostro con las manos. Un vecino que advirtió la situación intentó perseguir al ladrón con un palo, pero no logró alcanzarlo. El agresor continúa prófugo.
Minutos después, otros vecinos asistieron al menor y revisaron las cámaras de seguridad, donde quedó expuesta la violencia del hecho.