¿Fin de ciclo?

Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa: un presidente, su infinita soledad y una carta con aroma a despedida

Alberto Fernández repasó su gestión durante dos horas. Pero la nota de color fue la falta de acompañamiento al presidente por parte del peronismo. Los cruces con la oposición y lo que no se vio de la apertura de sesiones ordinarias.
Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa

Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa

El presidente Alberto Fernández llegó al Congreso, a la inauguración de su último periodo ordinario de sesiones como presidente. Llegó en soledad. Entró y fue recibido con frialdad por su compañera de fórmula, Cristina Fernández de Kirchner. Fue difícil para los fotógrafos sacar una foto buena, en donde se los vea con buena cara. En la única potable se los ve distanciados.

La caminata por el pasillo que comunica el atrio (primer salón después de la explanada) hasta el recinto fue eterno. La llegada al recinto fue aún peor. Adentro el silencio se escuchaba fuerte. Apenas algunos tibios aplausos de algunos diputados del interior para recibirlo. El contraste fue grande con el que recibió Cristina antes de empezar la sesión.

Las tribunas estaban vacías. Una de ellas estaba ocupada por Sergio Massa. Prefirió ocupar un palco con expresidentes de la Cámara de Diputados, antes que compartir espacio con sus compañeros de gabinete. Los ministros tienen un lugar reservado a la derecha del presidente.

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Pero quizás la ausencia más llamativa se dio entre los tradicionales aliados de Alberto. Al empezar su mandato él dijo que sería un presidente con 24 gobernadores. Sentados en el recinto solo había 6. Y uno de ellos era Horacio Rodríguez Larreta, uno de los precandidatos de la oposición.

En primera fila estaban Alberto Rodríguez Saá (el primero en llegar), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Zillioto (La Pampa) y Raúl Jalil (Catamarca). Los dos primeros son los gobernadores de los senadores que la semana pasada rompieron el bloque con críticas al presidente.

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En segunda fila estaban Larreta, Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Florencia López, vicegobernadora de La Rioja. No hubo más. Ni siquiera estuvo Axel Kicillof que estuvo “demorado” en La Plata en la inauguración del ciclo lectivo. Un desplante.

Quizás es el símbolo de la falta de apoyo al presidente. Son justamente los gobernadores los que lo sostuvieron durante mucho tiempo frente a las críticas del kirchnerismo duro. Alberto Fernández se quedó solo. Ni siquiera su exjefe de gabinete, Juan Manzur, que puso su inauguración de las sesiones de la Legislatura a la misma hora. Se ve que los aviones no estaban andando bien.

Los movimientos sociales también se mostraron escasos. Se vio al “Gringo” Castro del Movimiento Evita, Daniel Menéndez y Luis D’elia. El “Chino” Navarro, el más albertista de los dirigentes, prefirió ir a Tucumán con Manzur, su exjefe según organigrama.

No hubo militantes albertistas; tampoco de La Cámpora. Algunos dirigentes leales se agruparon en los palcos del segundo piso del Congreso.

La CGT hizo la diferencia. Estuvieron dos de las tres cabezas. Héctor Daer y Carlos Acuña. Pablo Moyano faltó pero en su lugar estuvo Hugo, su papá, que estaba sentado junto a D’Elia. Del otro lado de la mesa de negociaciones (y del recinto) se vio a Daniel Funes de Rioja, titular de la UIA. Estuvo junto a Pablo González (YPF) y Pablo Ceriani (Aerolíneas).

Palabra de un presidente en soledad

Alberto Fernández dedicó la primera parte de su discurso a hacer un balance de gestión. Aclarando que sería el último año que estaría ahí (nota del redactor, al menos de su primer mandato). Como anticipó A24.com, buena parte del discurso estuvo centrado en destacar las políticas que se llevaron adelante en provincias.

La idea fue hacer un contraste con el reclamo de la Ciudad por los fondos de la coparticipación. Si se le paga a CABA, no hay margen para llevar adelante esas políticas públicas.

Prácticamente no recibió aplausos durante todo el primer tramo del discurso. Apenas cuando habló de los combatientes de Malvinas o cuando habló de la política de vivienda. Fueron aplausos tibios, de compromiso, sin ningún entusiasmo. También cuando habló del intento de asesinato contra Cristina (no tiene sentido, pero aplaudieron…) y cuando mencionó el compromiso de Sergio Massa de agarrar la economía.

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El discurso se intercalaba entre testimonios de gente que había obtenido un beneficio a partir de alguna política pública del Gobierno. “Intentaba mostrar cercanía, pero eran ejemplos muy lejanos a la gente”, opinó un diputado al terminar la asamblea… “Sobre todo si al terminar hacían la V”, cerró.

También hubo intendentes. Pocos. En primera fila se vio a Fernando Espinoza, Juan Mussi, Federico Achaval. Hubo otros más escondidos. También algunos funcionarios bonaerenses.

El tono monocorde de Alberto Fernández impactó a todos. No esperaban un presidente tan alicaído. Para colmo, en el recinto no había buen audio y lo que decía no se escuchaba. Varios diputados mencionaron que tuvieron que seguirlo en la versión impresa (que se envío por whatsapp) para poder entenderlo cabalmente.

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La mayoría de los legisladores permaneció respetuoso en su sitio. “Salvo que diga alguna cosa muy grave y se salga de libreto, nos vamos a quedar”, decía una diputada del PRO. Nicolás del Caño se fue a tomar un café para evitar la modorra. Fernando Iglesias se hartó y dio vuelta la silla dándole la espalda al presidente.

El discurso promediaba la hora y media cuando aparecieron las partes más picantes:

“Los episodios recientes en la disputa por los recursos nacionales y su coparticipación con nuestras provincias hicieron evidente cual es el bloque de intereses tradicionales que pretenden consolidar las enormes asimetrías que aún existen en la Argentina”, planteó. Criticó a la Corte Suprema.

Los diputados de la oposición se pusieron a gritar. Algunos se levantaron de la silla. Otros en el fondo le hacían gestos de preso (haciendo referencia a que está preso de Cristina), Lousteau y Yacobitti (de la Ciudad de Buenos Aires) se fueron enojados del recinto.

“Pero no puedo ser indiferente al ver las asimetrías que separan a esta maravillosa ciudad (Buenos Aires) de rincones de la Patria”, seguía Alberto.

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Después llegó el turno de la Corte: “El Poder Judicial hace tiempo que no cuenta con la confianza pública, no funciona eficazmente y no se muestra con la independencia requerida frente a los poderes fácticos y políticos”, dijo.

También habló del Juicio Político a los jueces. En ese momento se retiraron del recinto Alejandro “el Topo” Rodríguez, Graciela Camaño y los socialistas de Santa Fe. Consideran que el presidente no puede intervenir en el medio del proceso de juzgamiento.

En el medio del griterío, el peronismo aplaudía. Quizás la pelea contra la Ciudad y la Corte sea lo único que los interpelaba a todos. “Déjenlo hablar que ya se va”, gritó un opositor. Alfredo Cornejo tuvo otra ocurrencia. “boron-boron, para Alberto la reelección”, lo siguieron todos.

Cuando pasó la efervescencia Alberto volvió a su tono gris. Para cerrar dejó una pista sobre su futuro político:

Cuando el 10 de diciembre culmine este mandato que el pueblo me ha dado, podrán tener la certeza de que habrán tenido un presidente que le puso el pecho a cada problema que enfrentó. Que con aciertos y errores habrá puesto todo su esfuerzo en encontrar salidas en el laberinto en el que la historia nos encerró. Habrán tenido un presidente que honestamente todo lo entregó y solo se llevó el enorme honor que me han dado de presidir los destinos de esta Patria”. Pareció un discurso de despedida; de un presidente transitará su último año de mandato en una inmensa soledad.

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