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POLÍTICA

Alberto Fernández, el "presidente virtual" que tuvo que gestionar la pandemia real

Alberto Fernández, el
Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Este 10 de diciembre se cumple el primer año de gestión de Alberto Fernández, atravesado por los efectos de la pandemia y una Casa Rosada virtual, desierta, con el Presidente recluido en la residencia de Olivos durante la mayor parte del 2020, en medio de la extensa cuarentena decretada a tres meses de asumir.

La incertidumbre de la pandemia marcó el “estilo Alberto”, con la estrategia del “vamos viendo” para pilotear la crisis, con políticas de emergencia sanitaria, económica y social, anunciadas en actos virtuales por videoconferencias, a veces, sin voceros claros, y hasta con menos de una hora de anticipación.

Los horarios de Alberto

Apenas asumió, el 10 de diciembre de 2019, desde el entorno del presidente Alberto Fernández avisaron cómo sería el “estilo de gestión”: Un presidente híper activo, sin agenda previa, imprevisible y centralizando todas las decisiones.

Actos para anunciar medidas de emergencia convocados para las 12 del mediodía en la Casa Rosada, terminaron muchas veces cambiando sobre la hora a conferencias de prensa en Olivos para anunciar por ejemplo, cada extensión de la cuarentena.

Algunos explican el horario Alberto, en su estilo de antiguo jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, que con liderazgo radial, se ocupa de todos los detalles, desde controlar la edición de los videos o filminas, o de la lectura y cambios a último momento de los decretos o medidas a anunciar.

Ese estilo llevó al Presidente muchas veces -ante la falta de voceros oficiales que salgan a defender la gestión- a quedar envuelto en rumores sobre internas en el gabinete o con el resto de la coalición gobernante. Especialmente con el ala que conduce la vicepresidenta Cristina Kirchner, a quien reconoció desde un principio como la jefa política de la coalición.

La Rosada desierta y Olivos en el centro

Los efectos de la pandemia se vieron reflejados en una Casa Rosada inactiva la mayor parte de los 12 primeros meses de gestión. Entre marzo y octubre -el período de la cuarentena más estricta- encontró a la sede de Gobierno con el silencio recorriendo los pasillos y oficinas vacías.

Los casi 800 empleados permanentes que habitan la sede de Balcarce 50 rediseñaron su trabajo administrativo al home office, mientras solo un puñado de funcionarios de primera y segunda línea se turnaban cada semana para la gestión presencial.

El comedor de la Casa dejó de cobrar el menú diario compuesto por dos platos con frutas o postre, que hasta marzo se cobraba a los empleados comunes $100; pasó a una vianda gratuita con el mismo menú (varía desde polenta, hasta pastel de papas, o milanesas con ensalada o papas rústicas, con fruta o gelatina) envuelta para llevar y comer cada uno en su oficina.

El manejo del gabinete

El jefe de Gabinete Santiago Cafiero apareció como el principal gestor de los decretos de control de la cuarentena, manejando la ejecución de los gastos extraordinarios de la emergencia sanitaria y económica.

Reuniendo todos los miércoles al gabinete económico, fue durante varios meses, la única actividad oficial que se desarrolló en la Casa Rosada. Pero el cierre total de la economía y la demora en algunas medidas le valieron duras críticas a un jefe de Gabinete que por momentos apareció desdibujado por las críticas de la vicepresidenta y los otros socios de la coalición.

Algunos en Casa Rosada admitieron que a él estuvo dirigida en parte, la carta de Cristina criticando a “los funcionarios que no funcionan”, pero quedó claro también que Cafiero fue la única figura del gabinete que Alberto dijo no estar dispuesto a entregar, por considerarlo sus ojos.

Cafiero buscó en el peor momento de la parálisis del Gobierno, relanzar la gestión anunciando reuniones semanales con días fijos, de los llamados “5 gabinetes temáticos”. Pero que quedaron a mitad de camino.

La falta de voceros y la sobreexposición presidencial.

El Gobierno se las arregló para diagramar equipos de gestión que se turnaban cada 15 días en las tareas presenciales y home office, mientras mantuvo buena parte de la cuarentena a los periodistas acreditados en la Sala de Casa Rosada, lejos.

Alberto fue su propio vocero: Entrevistas a canales de TV y radios coordinados por el propio presidente sin previa difusión; charlas en off por WhatsApp con periodistas amigos; videoconferencias on line por redes sociales oficiales, con la voz en off del Presidente, pocas y contadas conferencias de prensa formaron parte del estilo Alberto en este primer año de gestión.

Hasta que finalmente entre septiembre y octubre se relajó la cuarentena pese al pico de contagios en esos meses y volvieron aunque de manera esporádica, las conferencias de prensa y actos de anuncios en el Salón Blanco y en el Museo en el subsuelo de la Casa Rosada.

La gestión fue cambiando de un Presidente paternalista, preocupado por cuidar la salud de todos los argentinos, controlando lo que hacía cada sector; a un Presidente cansado de dar órdenes en una cuarentena que ya no era cumplida por la mayor parte de la sociedad, y terminó dejando el cuidado de cada ciudadano a su libre conciencia.

La interna trabando la gestión

La imprevisibilidad de la pandemia se trasladó a la gestión. De las reuniones de todos los martes con Cristina Fernández intercambiando consultas y medidas de Gobierno en Olivos, pasaron a los meses siguientes a mensajes por WhatsApp o Telegram con la vicepresidenta, hasta un quiebre en la relación con la falta de diálogo durante casi dos meses.

Ese distanciamiento se reflejó en la polémica carta pública de Cristina el día del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre, con críticas a “los funcionarios que no funcionan” que derivó en la primera salida de Gabinete.

El pedido de renuncia a la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa y su reemplazo por un intendente K del conurbano, Jorge Ferraresi, que responde directo a Cristina y a quien le encargaron parte de la campaña electoral 2021: la construcción de viviendas y resolver el problema de las tomas de tierras.

También se fueron desdibujando los primeros asados con la mesa chica de los 5: Alberto con Sergio Massa (Presidente de la Cámara de Diputados), Máximo Kirchner (presidente del bloque de diputados del FdT), Santiago Cafiero (Jefe de Gabinete) y Martín Guzmán (Ministro de Economía).

Así, desde el distanciamiento público con Cristina -que solo se mostró en dos actos junto a Alberto primero en Olivos para anunciar el proyecto de reestructuración de la deuda con bonistas privados y meses después en agosto, al cerrar el acuerdo en el Museo de Casa Rosada- solo se volvió a quebrar con la presencia de la Vicepresidenta en el tumultuoso velatorio de Diego Maradona en la Casa Rosada, el 26 de noviembre.

Cada vez que Alberto ensayó un despegue de Cristina o estilo propio Cristina o alguien de su entorno salió con los tapones de punta desde el Congreso a poner freno a la estrategia presidencial.

Eso se vio, por ejemplo, cuando encabezó una reunión en Olivos con los principales dirigentes empresarios de IDEA, AEA y la CGT convocando a un pacto económico y social, o en medio de las negociaciones con el FMI que avizoraban una aceptación de una juste fiscal, o como cuando encabezó una reunión en la CGT con el PJ y gobernadores para el Día de la Lealtad peronista.

Del doble comando, al poder delegado y el poder compartido, fueron los principales dilemas que debió enfrentar Alberto Fernández en su primer año de Gobierno, signado por la crisis (heredada) y la pandemia.

por Stella Gárnica
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