Todo esto se va a decidir en el nuevo comité de expertos que conformó Vizzotti, que va a incluir también cientistas sociales. Necesitan validar algunas decisiones.
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El Gobierno busca que lleguen más vacunas a la Argentina para bajar la mortalidad.
¿Qué pasa con la vacuna de AstraZeneca?
Otra complicación. Está muy demorada la entrega de las vacunas de AstraZeneca que se produjeron en la Argentina, se mandaron a envasar a México y debían volver –en total 20 millones de dosis- para ser aplicadas en el país. Los mexicanos recibieron las drogas, pero se quedaron sin frasquitos para envasarlas. “Falta vidrio”, relataron autoridades sanitarias locales.
Ahora autorizaron a envasar en Estados Unidos una parte para que lo manden acá. Las previsiones del laboratorio que fabricó la sustancia era que iban a poder entregar algo a fin de marzo (ya parece imposible) y una carga más grande ya en abril. ¿Llegará?
El laboratorio que dirige el empresario Hugo Sigman decía que tenía la infraestructura y que podía envasar también en la Argentina. Funcionarios locales intentaron negociar con AstraZeneca para destrabar la operación, pero la respuesta fue categórica: “No se puede. No tenemos capacidad para envases multidosis; solo para jeringas prellenadas. Se trabaja con unas máquinas enormes. Podremos envasar acá si en algún momento se pasa a jeringas prellenadas como la gripe o si adquirimos la tecnología para multidosis”, explicó el funcionario. AstraZeneca, por ahora, se mantiene en silencio y no ratifica ni niega la llegada en tiempo y forma de su producción.
Esta vacuna es clave por tres motivos: se produce en la Argentina, hay cantidad suficiente y produce efectividad desde la primera dosis. En la campaña de vacunación del Reino Unido funcionó para bajar la mortalidad de adultos mayores.
La “obstinación” de Alberto Fernández
La carrera es simple. En invierno aumentan los casos, la llegada de nuevas cepas puede acelerar más las cosas. ¿Cuántas personas van a estar inmunizadas antes de que llegue la segunda ola?
Alberto dijo que no es optimista. Pero en otros despachos gubernamentales creen que pueden tener 13 millones de personas vacunadas para julio. 1 millón por semana sería un número razonable si las dosis aparecieran. Hace dos viernes se habían llegado a aplicar casi 200.000 y esa semana se vacunó a casi 750.000 en 5 días. “En lo operativo estamos en el número que nos habíamos propuesto. Dependemos de que lleguen las vacunas”, dicen en la Rosada.
Manejar la incertidumbre es lo más complejo. Nada salió según lo planificado por el gobierno nacional. Los que manejan los hilos de la gestión se quejan por algunas críticas que consideran despiadadas y ponen el ejemplo de Chile. “Todos hablan del modelo chileno, pero usan una vacuna aprobada por un simple decreto presidencial con un 50% de efectividad (la Sinovac) y estamos viendo los resultados”, dicen en un importante despacho de la Casa Rosada. Descartan que estén negociando con ese laboratorio chino.
Cuesta por estas horas encontrar quienes elogien a Alberto. Pero cerca del Presidente le reconocen algunos méritos: especialmente “su obstinación de negociar 6 o 7 vacunas a la vez”.
La Argentina firmó contrato por 65 millones de dosis de vacunas. Según fuentes de Gobierno, en todos los casos esas dosis fueron pagadas de acuerdo con lo estipulado: en algunos casos, por adelantado y en otros se va haciendo a medida que entregan. “Argentina cumplió con su compromiso. Las demoras en las entregas se dan fundamentalmente con las Sputnik V por problemas en la producción”, explican. Cuentan que, por ejemplo, Japón compró vacunas por el doble de su población, pero aún no pudo vacunar a casi nadie. Ellos están en 370 vacunas diarias por cada millón de habitantes y la Argentina en 2800, según el Centro de Datos de A24.com.
El otro tema para seguir de cerca es el proceso de vacunación. Creen que las provincias que venían lentas ajustaron las clavijas. Los problemas en Capital ya desaparecieron. “Hubo especulación política en un primer momento porque las encuestas no daban muy buena aceptación de las vacunas e hicieron un esquema de turnos muy restrictivo”, señalan en la Rosada. Sostienen que hoy, el 80% de la gente dice que se vacunaría y eso cambió todo.
Paradojas del destino, ponen como contraejemplo al polémico Gildo Insfrán, quien en 4 días vacunó a toda su población de riesgo y a los esenciales.
¿Se cierra o no se cierra?
Por cadena nacional el Presidente llamó a extremar los cuidados. No habló de restricciones, aunque descuentan en la Casa Rosada que algo van a tener que hacer.
La prioridad hoy para el Gobierno es cuidar la economía. Saben que no hay margen político, económico ni social para aplicar restricciones masivas, y mucho menos por prevención.
Las medidas van a tener que acompañar a los datos, a diferencia de lo que pasó en 2020, cuando se cerró todo por las dudas. El año pasado había que fortalecer el sistema y aprender sobre el virus. “Hoy ya sabemos que con ventilación, distancia y tapabocas el riesgo de contagio es bajo. ¿Qué sentido tendría cerrar actividades al aire libre?”, se preguntan cerca del Presidente.
En cambio, sí vislumbran que se puedan hacer cierres acotados por localidad o por segmentos del día como en Europa. Es decir, un toque de queda nocturno (con otro nombre) como se hizo en el verano en la Argentina. El análisis del Gobierno es que más allá del pataleo en aquel momento, las medidas funcionaron.
La Argentina entra en días complicados. Con incertidumbre total sobre cómo va a evolucionar el virus, sobre la campaña de vacunación y sobre la economía. Algo está claro: si hay que cerrar todo, no hay margen para que el Estado acompañe con subsidios.
¿Hay algo que lleve tranquilidad?
Lo único bueno en medio de tantas malas noticias es que ya no hace falta convencer a la gente de que se vacune, que es un problema que están viviendo en otros países. En la Argentina, como siempre, sobran ganas… solo faltan las vacunas.