Desde el ministerio de Educación de Nación, a cargo de Nicolás Trotta, la primera respuesta había sido negativa. La razón: cuestiones epidemiológicas. El ministro de Salud, Ginés González García, había secundado la decisión al advertir que había demasiados contagios como para pensar en el retorno a los colegios.
"Tenemos que hablar de pedagogía, no de epidemiología", había sido la devolución de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña. "Sabemos perfectamente que no están dadas las condiciones para la vuelta a clases, pero los datos epidemiológicos de la Ciudad nos permiten avanzar en pequeños pasos progresivos", había agregado.
Lejos de amedrentarse, Quirós modificó el protocolo y planteó que las clases acontezcan en espacios abiertos: calles y plazas cercanas a los niños más vulnerables. Trotta volvió a dar el "no", pero sugirió un cambio, utilizar los patios escolares, y dejó abierta la puerta para un acuerdo. A su vez, prometió 6.500 notebooks para brindarles a los chicos.
"Los protocolos establecen que en las zonas urbanas tiene que haber nulo o muy bajo nivel de contagio. Las 23 provincias votaron eso y también la Ciudad de Buenos Aires. Quirós nos plantea, legítimamente, que ese escenario es de cumplimiento imposible porque acá nunca va a haber eso, por lo menos hasta que haya una vacuna", había comentado Trotta.
Ayer los equipos técnicos de Nación y Ciudad lograron acordar un "protocolo combinado" y los 6.500 chicos más perjudicados por la pandemia están más cerca de volver a las aulas.