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¿Está la clase política a la altura de la crisis del coronavirus?

Esteban Talpone
por Esteban Talpone |
El presidente Alberto Fernández está muy bien

"El presidente Alberto Fernández está muy bien, de buen ánimo, con todos los parámetros de control de esta mañana estables", aseguró Carla Vizzotti.

Alberto Fernández parece haber encontrado en el comando de la crisis sanitaria el sentido del cual carecía su gobierno hasta hace apenas un mes. Hasta entonces, lejos de mostrar un plan económico de amplio alcance, sólo atinaba a encaminar una solapada renegociación de la deuda externa, entre algunas otras medidas.

Pero el coronavirus le dio una oportunidad impensada: la de mostrarse como un piloto de tormentas confiable, un estadista seguro de sí mismo, con su vicepresidenta en cuarteles de otoño.

Así las cosas, en su más reciente aparición por cadena oficial, el presidente de la Nación se presentó estratégicamente aplacado, intentando transmitir tranquilidad a la sociedad con palabras medidas y apaciguadas.

Al mismo tiempo, buscó exhibirse enérgico frente a los empresarios que comenzaron a despedir empleados, a quienes trató de “miserables” (una palabra tristemente acuñada por Aldo Rico) y los intimó en términos personales. “No dejaré que lo hagan”.

Pero es necesario advertir que el gran problema es la amplia franja de desamparadas empresas muy pequeñas, pequeñas y medianas que están al borde de la quiebra y que, tarde o temprano, se verán obligadas a prescindir de personal.

A ellas no les alcanza con un crédito subsidiado de la banca oficial para pagar uno o dos meses de sueldo. Para ellas, no hay luz al final del túnel. Necesitan soluciones estructurales cuanto antes.

Lo otro que hay que señalar, en el marco de una amplia gama de urgencias sociales, es la escasa respuesta oficial ante el escandaloso aumento de precios en los comercios de cercanía. Poco se ha dicho en ese sentido y menos se ha hecho.

Mientras tanto, en este fin de mes, los jubilados empiezan a tener problemas para acceder a sus haberes y las colas frente a los bancos del conurbano bonaerense son cada vez más largas.

En este contexto, cabe preguntarse si lo que está haciendo el gobierno es lo acertado. Lo segundo, es si es suficiente. Con respecto a la primera pregunta, hay que decir que la gran mayoría de los expertos coincide en que las medidas sanitarias son las correctas y que fueron tomadas a tiempo.

En cuanto a la segunda cuestión, no lo sabemos, no lo sabremos en el corto plazo, y tal vez todo lo que se pueda hacer sea dramáticamente insuficiente.

Empieza a ser oportuno preguntarnos entonces si la clase política está verdaderamente dando todo lo que puede y debe dar en esta crisis.

En este contexto de país, comienza a resultar insólita la decisión de no reunir al Congreso de la Nación.

Médicos, enfermeros, policías y colectiveros, entre muchos otros, siguen trabajando. Diputados y Senadores permanecen aletargados en sus casas. ¿Cómo se puede explicar?

¿No deberían los legisladores empezar a buscar consenso en torno a posibles medidas de rescate social y a un plan de emergencia para ser aplicado inmediatamente después del aislamiento general?

Las situaciones de excepción requieren respuestas políticas excepcionales y no simplemente decretos de necesidad y urgencia del jefe de estado.

El gran interrogante es si la clase política será capaz de dar esas respuestas.

De ella depende (y no tan sólo de lo que pueda hacer el presidente, su gabinete y un puñado de asesores) que la crisis sanitaria no derive en una crisis aún más peligrosa, la de la legitimidad institucional.

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