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Alberto se va de viaje y Cristina Kirchner vuelve a ser presidenta: qué va a hacer y cuáles son las tensiones latentes

Mariano Obarrio
por Mariano Obarrio |
Alberto se va de viaje y Cristina Kirchner vuelve a ser presidenta: qué va a hacer y cuáles son las tensiones latentes

Cuando el presidente Alberto Fernández viaje hoy a Israel, para participar mañana la conmemoración del Holocausto Judío, la vicepresidenta Cristina Kirchner asumirá como presidenta en ejercicio por cuatro días. Pero no concurrirá a la Casa Rosada y ni siquiera se sabe si irá al Senado, donde tiene su oficina como presidenta del cuerpo.

En rigor, la ex presidenta no tiene agenda fijada para los próximos cuatro días hasta el regreso de Alberto. Y su propósito premeditado es no sobreactuar ningún gesto que pueda configurar un avance sobre el poder albertista. Aunque sus laderos cuestionan en muchos temas la moderación de Alberto.

Luego de haber dejado la presidencia el 10 de diciembre de 2015, el regreso a la posibilidad de recuperar la firma presidencial de decretos y resoluciones, por unos días, causó comentarios y expresiones de preocupación en el oficialismo. El contexto no es el mejor: Alberto Fernández busca mostrarse moderado. Por eso fue blanco recientemente de críticas y declaraciones desafiantes de altos funcionarios kirchneristas. La moderación no complace al entorno de Cristina.

“Cristina no va a ir a la Casa Rosada. Y no tenemos agenda. Por lo tanto, no sabemos si vendrá al Senado”, dijo a A24.com un vocero de la vicepresidenta. Cristina, como vicepresidenta, tendría derecho a acondicionar un despacho en la Casa de Gobierno como históricamente tuvieron todos los vicepresidentes, menos Amado Boudou. Incluso, Gabriela Michetti también lo tenía.

Pero prefiere no pisar Balcarce 50 para no generar especulaciones de que busque influir sobre la gestión de Alberto, aunque de hecho influye. Y el núcleo duro de Alberto Fernández analiza con preocupación ciertos avances.

La mesa chica presidencial evalúa estrategias para neutralizar desafíos a la autoridad presidencial. “A un Presidente no se lo contradice. Y menos en un gobierno peronista. Nestor Kirchner castigó muy duro a Daniel Scioli por disentir cuando era vicepresidente”, recordó un funcionario.

“Estamos preocupados porque a veces notamos que en el equipo, de tanto ocuparnos de los temas de la gestión, hay pocos reflejos políticos para elaborar respuestas positivas y en contra de las disidencias que plantea el kirchnerismo”, dijo un funcionario que analiza el tema.

Alberto Fernández conversa sobre esto con su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y con los secretarios general de la Presidencia, Julio Vitobello; de Planificación Estratégica, Gustavo Béliz; de Comunicación, Juan Pablo Biondi; de Medios y Comunicación Pública, Francisco “Pancho” Meritello, y con el ministro de Educación, Nicolás Trotta.

El último ruido que disparó reuniones y charlas íntimas entre ellos ocurrió cuando el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, aseguró que en la Argentina “hay presos políticos”, en referencia a Milagro Sala, Amado Boudou y Julio De Vido, procesados y detenidos con prisión preventiva por la Justicia.

Un día antes, el Presidente había dicho que en el país “no hay presos políticos” en un encuentro con organismos de derechos humanos -al que no fue invitada Hebe de Bonafini- sino “detenciones arbitrarias”.

“Wado no pudo hablar sin aval de Cristina”, dijo un albertista. “Wado habló por presión de Cristina”, dijo un conocedor de La Campora.

“Si fueran presos políticos, serían presos políticos del gobierno de Alberto. Pueden decir que Macri los tenía presos, pero no que los tiene presos Alberto. En todo caso son detenidos arbitrariamente. No pueden decir eso”, señaló un funcionario del Presidente. Y Alberto Fernández no quiere dar muestras de que incide abiertamente en el Poder Judicial.

Milagro Sala y Hebe de Bonafini insistieron en criticarlo por “los presos políticos”. Hebe conminó al Presidente a que diga “de qué lado está". "Si con la Justicia corrupta o con los presos políticos”, se preguntó. Sin embargo, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo almorzó luego, ayer, dos horas con Alberto Fernández y con el ex juez español Baltazar Garzón, un impulsor de un pretendido tribunal de ética en España que juzgaría, sin jurisdicción alguna, posibles casos de “lawfare” (persecución política a través de la Justicia) contra gobiernos populistas. No hubo información oficial sobre lo conversado.

Pero las discrepancias no quedaron resueltas. Si bien los funcionarios juegan al disimulo y dicen que ello obedece al supuesto mérito de “haber conformado un frente muy diverso" -el Frente de Todos- en el que sus integrantes pueden pensar de manera diferente”, lo cierto es que ayer altas fuentes de la Casa Rosada señalaron que la orden que bajó de la Presidencia fue: “No coments”. Sin comentarios sobre esas diferencias.

“Está faltando una respuesta al ala dura kirchnerista. Biondi (vocero) o Meritello (secretario de medios) deberían salir a decir: ¿Cómo quieren que hagamos, que nos metamos en la Justicia, que vayamos a las cárceles y los liberemos? Sería peor el remedio que la enfermedad. Si esperaban que liberemos presos pasando por encima de la Justicia eso no va ocurrir”, señaló un funcionario.

Alberto Fernández necesita urgente tener logros económicos en el primer año de gobierno para poder diseñar las listas de candidatos en las legislativas de 2021. De lo contrario, Cristina Kirchner podría llenar las listas con sus amigos y perfilar a Axel Kicillof para la presidencia en 2023.

El ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, kirchnerista, había sido desautorizado por el Presidente cuando impulsó la “legalización de todas las drogas" y luego le contestó a Alberto Fernández que lo decía porque conocía de narcotráfico por haberlo combatido. Kicillof llamó a silencio a Berni, pero el conflicto quedó latente. “¿Vos te imaginas que Alberto Pérez le contestara a Néstor Kirchner?”, preguntó una fuente.

La ministra de Seguridad de la Nacion, Sabina Frederic, también kircherista pura pero enfrentada con Berni, sostuvo posturas contrarias al Gobierno cuando dijo que el Hezbollah no debía ser considerado organización terrorista y cuando pidió revisar las pericias de la Gendarmería que determinaban que al fiscal Alberto Nisman lo habían asesinado.

Si bien no hubo respuestas públicas, la Cancillería le pidió en reserva a Frederic que no hablara más, porque Fernández resolvió tener buenas relaciones con Estados Unidos y con Israel.

En forma paralela, trascendió el malestar del papa Francisco porque el Gobierno planea ofrecerle una terna de candidatos a embajador en el Vaticano y porque la Casa Rosada hizo difundir que Luis Bellando fue rechazado como embajador por Roma por ser divorciado, cosa que no ocurrió. Bellando quedó atrapado en medio de la pelea entre la Cancillería y Beliz, que lo promovía, por un viejo incidente que tuvo en la embajada de Brasil.

También trascendió que Francisco está ofuscado porque el Gobierno difundió que el Papa mediará entre el FMI y el ministro de Economía, Martín Guzmán, el 5 de febrero, en un encuentro económico. “Francisco no va a mediar entre nadie”, dicen desde Roma.

En este contexto, Cristina Kirchner reasumirá la Presidencia después de cuatro años y un mes. Pero no se instalará en la Casa Rosada.

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