Hoy estamos en la era de las “no-cosas”. Eso, al menos, asegura el filósofo occidental de moda, el coreano-alemán Byung-Chul Han, para decirnos que éste no es el tiempo de los objetos ni de las mercancías, sino el de la información. Parafraseando a los citados pensadores, podríamos decir que los Kirchner, en cuanto los expertos comunicadores que son, actúan como ases de las “no-palabras” y las “no-presencias”.
El suyo es, en gran medida, un “no-lenguaje” que dice cosas sin decirlas y ocupa espacios centrales en la escena sin estar.
Aprendieron a brillar por su ausencia.
Saben, en realidad, que sus rivales los necesitan para reafirmarse en sí mismos como contracara. Máximo no estuvo esta mañana en el momento parlamentario de Alberto Ángel Fernández, donde se abrió el último capítulo del pacto con el FMI, pero también se inauguró la segunda mitad de su mandato presidencial, donde se decidirá si sigue un turno más o si con uno habrá sido demasiado.
Los silencios de Cristina Fernández de Kirchner
Cristina no habla del acuerdo con el Fondo. Y, habiéndolo hecho nada menos que su primogénito con el eco amplificado de un portazo, parece ser también un mensaje en sí mismo. Más potente aún, porque los votos K son de ella.
Su festival de caras, este mediodía en el Congreso Nacional, fue la envidia de las mejores escuelas de teatro.
Lo que no sabemos todavía es si ese silencio y esa ausencia terminarán siendo una cachetada irreparable, terminal, o un enorme favor, aún más grande que haberlo hecho presidente a Fernández.
Ahora se ha establecido, desde el juego de espejos del poder, la posibilidad de que Alberto dependa de sí mismo, acaso más que nunca.
Se verá en lo que viene si le da el cuero; si logra oxigenarse sin respirador; si un nuevo viento de cola ensancha sus posibilidades; si logra romper el vidrio de la empatía social con esa moderación que a veces tranquiliza, otras parece falta de convicciones y otras, un enojo furioso a punto de estallar. Más una especie de “no-autoritarismo” que pasión democrática.
Hoy, sin Máximo Kirchner ni opositores ultra-macristas (aprendices de brujos) en la sala, fue uno de esos días en los que no se puede saber si lo que viene es construcción o más decadencia.
Nada de eso estaba escrito en la hora y media de palabras leídas junto a los gestos impagables de CFK.