Pandemia

Del exitismo a la "derrota digna": así se vive en la Casa Rosada la llegada de los 100 mil muertos por coronavirus

¿Fracasó la gestión sanitaria? En la Rosada admiten que no esperaban superar esa cifra. "Más allá de los números, cada muerte duele", dicen.
Stella Gárnica
por Stella Gárnica |
El presidente Alberto Fernández anticipó su homenaje a las víctimas del COVID-19 antes de llegar a las 100.000 víctimas

El presidente Alberto Fernández anticipó su homenaje a las víctimas del COVID-19 antes de llegar a las 100.000 víctimas, con una ceremonia en el CCK. (Foto: ARchivo Presidencia)

A un mes de haber llegado el primer caso de coronavirus a la Argentina en abril de 2020, el presidente Alberto Fernández pronunció una frase que hoy, al superar los 100 mil muertos por COVID-19 en el país, pone a toda la gestión en el ojo de la tormenta cuando se analiza si funcionó o no, la estrategia de priorizar la cuestión sanitaria a la económica.

“Nadie se hubiera imaginado que iba a ser un gobierno que tendría que lidiar estos 15 meses con un virus que descolocó al mundo. Cada muerte duele como un puñal en el corazón; no son los 100.000 muertos, no hubiéramos querido ni uno. Nadie se hubiera imaginado que íbamos a llegar a esto”, responden con desconsuelo a A24.com desde el entorno del Presidente al ser consultados sobre el hito de las 100.000 muertes.

Pero visto a la distancia, lo claro es que la gestión de la pandemia tuvo claros y muchos oscuros que se potencian hoy frente al clima electoral. Por eso, en la Casa Rosada admiten que las PASO del 12 de septiembre y las elecciones legislativas de noviembre serán un plebiscito para la gestión de la pandemia.

Creen, pese a todo, que “la gente va a valorar todo lo que hizo el Gobierno” para cuidar la salud de la población y sostener la economía y la producción.

Admiten los errores y correcciones (idas y vueltas) realizadas en cada medida, y apuestan a poder completar antes de septiembre el plan de vacunación con las dos dosis de las vacunas que -tras las demoras- empiezan a llegar y a producirse en el país.

El Gobierno espera evitar un desmadre de una tercera ola, por eso insiste en limitar los vuelos del exterior para frenar el ingreso de las nuevas cepas más letales como la delta, que ya circulan en el mundo.

La Rosada, Alberto y la gestión de la pandemia

Pese a todas las medidas adoptadas, nada alcanzó para frenar al virus y sus consecuencias. Hoy la realidad, rompió con todos los pronósticos del Gobierno, admiten en la Rosada.

El Gobierno sufrió el primer golpe con el error del primer ministro de Salud, Ginés González García, cuando en febrero de 2020 relativizó la llegada del virus al decir que "China está muy lejos, no hay vuelos directos” y se mostró “más preocupado por el dengue que por la coronavirus”.

El fracaso de la gestión quedó en el subconsciente colectivo -del Gobierno y de toda la sociedad- al recordar aquella frase de Alberto Fernández priorizando lo sanitario a lo económico. “Prefiero un 10% más de pobres que 100.000 muertos por Covid”, había dicho Fernández el 11 de abril de 2020, durante un reportaje que concedió a Perfil para justificar la inédita decisión de ordenar la primera cuarentena estricta a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia que en su momento se lo comparó con un virtual estado de sitio y que congeló, por varios meses, a toda la economía argentina.

La respuesta de Fernández era y sigue siendo la misma: “De la caída de la economía se vuelve, pero de la muerte no, porque no puedo recuperar una vida ”.

Las críticas en aquel momento por el cierre total de la economía –hasta del clearing bancario- fueron amortiguadas con todo el aparato del Estado y la emisión monetaria, puestos para “ganar tiempo” hasta fortalecer el sistema sanitario, que había dejado "abandonado" el gobierno de Mauricio Macri.

Construyeron 19 hospitales modulares nuevos, otros tantos a medio terminar, promocionaron la conversión de Pymes en fabricantes de respiradores, barbijos e insumos específicos para la COVID-19 y triplicaron la cantidad de camas de terapia intensiva. Eso al menos dice el discurso oficial.

La crisis mostró a un Alberto Fernández peleando con países como Suiza, Estados Unidos, Brasil o Chile que no ordenaban confinamientos tan estrictos como acá.

En los primeros meses de 2020, las restricciones le resultaron eficaces a la hora de medir la gestión con hasta un 70% de aprobación ciudadana. Así Alberto, que había llegado como un Presidente débil, con el poder delegado por la vicepresidenta Cristina Kirchner, empezó a gozar de una alta imagen por la gestión consensuada con todos los gobernadores como socios en la administración de la pandemia, anunciando cada mes las medidas de confinamiento y flexibilizaciones o cierres de actividades.

Pero la realidad de la pandemia fue cambiando no solo por la extensión de las restricciones en el tiempo y la cantidad de muertes, sino por la falta de soluciones y la profundización de los problemas económicos.

La ayuda del Estado no alcanzó para contener la ola de cierres de comercios y pyme s que quebraron y el aumento de la inseguridad. ¿La pobreza no genera muerte también?

La parálisis económica profundizó la grieta dentro del propio oficialismo, con discursos de Cristina Kirchner pidiendo renuncias de “funcionarios que no funcionan”.

Ante las protestas generalizadas por el confinamiento, centró el sistema de toma de decisiones en informes científicos y estadísticos sobre la evolución de la pandemia, hasta llegar con el correr de los meses al sistema de restricción de actividades con aforo y por "semáforo epidemiológico", focalizados en los distritos o provincias de mayor incidencia de casos, internaciones y muertes.

Las sospechas de irregularidades en las negociaciones por las vacuna s terminaron presionando para que la Rosada modifique por decreto la ley para poder recibir donaciones de las vacunas de EE.UU., dando marcha atrás en la decisión de no avalar la cláusula de “inmunidad” a poner al Estado como garantía ante posibles juicios por consecuencias adversas de las vacunas.

Alberto trató de anticiparse a las críticas de los 100 mil muertos por COVID, encabezando dos semanas antes un homenaje en el CCK, cuando se llegó el domingo 27 de junio al pico de 92.317 muertos, en una puesta en escena que fue denunciada por la oposición, con el objetivo de atenuar el impacto de las 100 mil víctimas fatales.

Alberto Fernández: ¿Estrategia o crisis emocional?

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El Presidente se enfrenta a un panorama electoral incierto con la amenaza de la llegada de las nuevas cepas más contagiosas y las segundas dosis de vacunas sin aplicar y nuevas presiones sobre el dólar, la inflación y la incertidumbre por la demora de un acuerdo con el FMI.

El informe epidemiológico que difunde el Ministerio de Salud con el número que nadie quería confirmar, superando los 100.000 muertos por COVID, genera un clima de incertidumbre en la Casa Rosada: ¿Alberto Fernández podrá cumplir su sueño de ser recordado como el Presidente que supo capear la crisis de la pandemia? Alberto sabe que en estas elecciones se plebiscitará su gestión de la pandemia y de la economía.

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